Caballero rejoneador español, nacido en Jerez de la Frontera (Cádiz) el 8 de abril de 1940. Hijo del rejoneador Álvaro Domecq Díez, fue el primer continuador de una notable dinastía de toreros ecuestres que, siguió representada por sus sobrinos Luis y Antonio Domecq Domecq.

El entorno en que se movió desde niño le permitió aficionarse muy pronto al toro y tomar contacto enseguida con las figuras más destacadas de la profesión (así, verbigracia, la primera vez que toreó a pie lo hizo al alimón con Juan Belmonte, en la finca donde residía el genial espada trianero, ya retirado de los ruedos por aquél entonces).

Atraído por la resonancia de los éxitos paternos, se cuenta de Álvaro Domecq Romero, que ya montaba a caballo cuando contaba sólo un año de edad, y que a los cinco salió triunfador de un concurso ecuestre celebrado en Sevilla. Unida esta afición al caballo a la pasión que sentía hacia el toreo, no es raro que, a los once años de edad ya interviniera con acierto en faenas camperas de acoso y derribo, ni que a los doce rejoneara por vez primera una becerra. Tuvo lugar este bautismo de rejones en la localidad gaditana de Tarifa, el día 16 de julio de 1952, en el transcurso de un festival organizado por su tío, el ganadero Juan Pedro Domecq, a beneficio de la Asociación Gaditana de Caridad.

El jovencísimo Álvaro Domecq Romero se forjó en la lidia ecuestre a lo largo de treinta festivales, algunos tan recordados como el que se verificó el 26 de febrero de 1956 en las arenas del coso de Tarifa, con el concurso de los toreros de a pie Antonio Ordóñez Araujo, Miguel Báez y Espuny (“Litri”) y Juan Núñez;, o el celebrado en su Jerez natal el día 23 de junio de 1959. Entre triunfo y triunfo, el joven rejoneador no se vio libre de percances durante este largo proceso de aprendizaje, como el que le ocurrió en Olvera (Cádiz) una tarde de la susodicha campaña de 1959, cuando se lesionó gravemente la nariz a consecuencia de una mala caída.

Ya forjado en su oficio, debutó como caballero rejoneador de novillos el día 13 de septiembre de 1959, en la plaza de toros de Ronda (Málaga). Un año después (concretamente, el día 31 de agosto de 1960), hizo el paseíllo a través del coso gaditano de El Puerto de Santa María, en donde recibió la alternativa a la usanza portuguesa, de manos de su padre, en presencia de diestros tan relevantes como el madrileño Luis Miguel González Lucas (“Luis Miguel Dominguín”), y los sevillanos Diego Puerta Laínez y Francisco Camino Sánchez (“Paco Camino”). Considerado ya, desde el mismo momento de su alternativa, como una de las grandes figuras del rejoneo de todos los tiempos, durante aquella campaña de 1960 intervino en veinticinco festejos, entre ellos el de su presentación, el día 25 de septiembre, en la plaza Monumental de Barcelona, donde había de gozar del favor de la afición en las ciento quince veces que intervino allí a la largo de toda su trayectoria torera.

En la temporada de 1961 cumplió veinticinco ajustes, y cuarenta y uno en la de 1962, en la que también hizo su presentación ante la primera afición del mundo. Tuvo lugar este evento el día 7 de junio de dicho año, en el transcurso de la tradicional Corrida de Beneficencia que se celebraba en la plaza Monumental de Las Ventas. Al término de la siguiente campaña, tras haber hecho el paseíllo cuarenta y nueve veces en suelo español, cruzó el Atlántico para presentar su arte ecuestre en las arenas de la capital mejicana, donde fue recibido con gran expectación el día 28 de septiembre de 1963, y aclamado por otra faena realizada el posterior 2 de enero de 1964. En este mismo año, ya instalado de nuevo en España, contrajo nupcias con su prima segunda María Isabel Domecq Ibarra.

Durante la referida temporada de 1964 firmó y cumplió cuarenta paseillos, y, aunque bajó a veintinueve en la de 1965, volvió a remontar vuelo en la campaña siguiente, en la que hizo cuarenta y cinco paseíllos. En el transcurso de una corrida de rejones celebrada en Madrid durante aquella campaña de 1966 (concretamente, el día 25 de mayo, en pleno ciclo isidril), fue gravemente herido por un toro, circunstancia que tal vez pesó a la hora de tomar la decisión de anunciar, al término de la siguiente temporada, su retirada del ejercicio activo del rejoneo.

Sin embargo, todavía durante la campaña de 1966 cosechó grandes triunfos, como el obtenido el día 18 de agosto, cuando hizo su presentación en la plaza lisboeta de Campo Pequeno. Tan meritoria fue la actuación de Álvaro Domecq Romero ante los entusiasmados aficionados lusos, que fue galardonado con el Trofeo al Triunfador de aquella feria extraordinaria, organizada para conmemorar el septuagésimo quinto aniversario de la fundación de la plaza. El gran cartel de que gozó el caballero en el bellísimo coliseo lisboeta queda reflejado en las ochenta veces que compareció allí a lo largo de toda su carrera.

Su anunciada despedida tuvo lugar el día 14 de octubre de 1967, en el transcurso de la Feria del Pilar de Zaragoza, después de haber intervenido en treinta y nueve festejos a lo largo de dicha campaña. Decidió, entonces, dedicarse a los negocios familiares (fundamentalmente, a atender los viñedos de su familia, puesto que había estudiado Peritaje Mercantil en España y Peritaje Agrícola en el Reino Unido); pero el gusanillo de la afición no le permitió permanecer durante mucho tiempo alejado de los ruedos.

En efecto, en 1968 intervino de forma desinteresada, en la localidad malagueña de Fuengirola, en un festival convocado a beneficio del Montepío de Toreros, y a finales de 1969 aceptó las ofertas que le hicieron para volver a los ruedos hispanoamericanos. Así pues, tras haber vuelto a probar las mieles del triunfo en las arenas de Colombia y Venezuela, retornó a España dispuesto a reaparecer en las principales plazas peninsulares durante la campaña de 1970, al término de la cual había tomado parte en cuarenta y dos festejos.

En 1971, a raíz de la generalización de las llamadas ‘corridas del noble arte del rejoneo’, D. Álvaro Domecq Romero se lanzó a una frenética firma de contratos que le llevaron a lidiar ciento once corridas a lo largo de aquella campaña. Siendo una tarde en las arenas de la Ciudad Condal donde cortó siete orejas y otra en su ciudad natal Jerez de la Frontera, el día 1 de noviembre del mismo año, las dos más importantes de aquella temporada. Tarde la jerezana, donde dio cuenta de siete astados (cinco pertenecientes a la ganadería de don Francisco Galache, y dos marcados con el hierro paterno de Torrestrella), a los que amputó, en total, dos rabos y siete apéndices auriculares.
Tras esta afortunada reaparición, siguió en activo durante muchos años. En la temporada de 1972 hizo noventa y siete paseíllos, ochenta y uno en la de 1973, cuarenta y uno en la de 1974, setenta y cinco en la de 1975 y setenta en las de 1976, 1977 y 1978. Durante el invierno de 1978-79 volvió a colmar el entusiasmo del público ultramarino, principalmente en México, en cuya capital sufrió otra grave lesión, el día 18 de febrero de 1979, al ser derribado de su montura, de resultas de lo cual se fracturó el cúbito y el radio del brazo izquierdo.

Posteriormente, triunfó en la arena madrileña el día 28 de mayo de 1983, fecha en la que, en presencia de los caballeros rejoneadores Manuel Vidrié, João Moura y Joaquín Buendía, cortó dos orejas y salió a hombros por la Puerta Grande. Al término de la Feria de San Isidro de aquel año, le fue entregado el trofeo “Antonio Cañero”, con el que la Casa de Córdoba en Madrid premiaba la mejor faena ecuestre del ciclo.

El 19 de septiembre de 1985 obtuvo otro de sus triunfos más recordados, esta vez en la plaza portuguesa de Campo Pequeno, donde se enfrentó con un lote de la divisa lusitana de João Dias Coutinho para despedirse de la afición lusa. En el cartel le acompañaban los caballeros portugueses João Moura y Paulo Caetano. Por aquel año de 1985 decidió concentrarse de lleno en las labores que le exigía su cargo de director de la Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, por lo que optó por anunciar su retirada definitiva de los ruedos. Además, en agosto de dicho año había sufrido otro grave derribo que le costó la fractura de dos costillas, lesión que también influyó a la hora de tomar la decisión de abandonar el rejoneo activo.

Así pues, el día 12 de octubre de 1985, en la plaza de toros de su Jerez natal, Álvaro Domecq Romero hizo el paseíllo para despedirse del toreo ecuestre ante sus propios paisanos. El prestigio y reconocimiento de que gozaba entre el resto de los caballeros rejoneadores se hizo palpable en el plantel de figuras que se concentraron para acompañar al diestro en su retirada de los ruedos: allí estaban los hermanos sevillanos Ángel y Rafael Peralta, el caballero portugués José Samuel Pereira Lupi, el rejoneador hispalense Fermín Bohórquez Escribano, el torero ecuestre Leonardo Hernández, el gran lidiador a caballo Manuel Vidrié Gómez, y el propio padre del maestro que anunciaba su despedida, el caballero jerezano Álvaro Domecq Díez, quien, retirado desde hacía muchos años, volvió a enfundarse el traje campero para tomar parte en la emotiva ceremonia. Además, intervino también en el festejo un sobrino del homenajeado, Luis Domecq Domecq, que daba sus primeros pasos en el ejercicio del noble arte del rejoneo. Todos estos jinetes asistieron a Álvaro Domecq Romero en la lidia y muerte de los seis toros que él despachó en solitario, cuatro de ellos pertenecientes a la divisa de Torrestrella, y los dos restantes marcados con los hierros de Cebada Gago y Fermín Bohórquez, que fueron jugados -respectivamente- en primer y tercer lugar.

Una vez retirado, Álvaro Domecq Romero ha vuelto a los ruedos en alguna ocasión señalada, ya sea para promocionar con su presencia alguna convocatoria de carácter benéfico, o para dar una simbólica alternativa, el 21 de mayo de 1992, a otro de sus sobrinos, Antonio Domecq Domecq. Además, a mediados de la década de los años noventa volvió a hollar con sus monturas la arena de la plaza de Las Ventas, para confirmar la alternativa de estos dos sobrinos.

La maestría que D.Álvaro Domecq Romero ha mostrado siempre en el ejercicio de la doma le ha llevado a proclamarse Campeón de España de Doma Clásica, así como a obtener numerosos galardones por su manejo de la garrocha, como el Trofeo de la Corrida de la Merced (1964), el Trofeo Maestranza (1966, 1967 y 1970) y el Trofeo Martini (1970). En 1972 fue homenajeado con el Premio Caballo de Oro, que otorgaba el antiguo Ministerio de Información y Turismo, y con la Placa Española de la Asociación de Criadores de Caballos (en su faceta de criador y domador, consiguió magníficos ejemplares como Triunfo, Verónica y Zalamero, todos ellos hijos de Espléndida, la célebre yegua con la que tantos éxitos alcanzar su padre). Asimismo, en 1975 fue galardonado con El Trofeo del Gobierno de Sevilla; y en 1981, con el Trofeo de Criadores de Ecuador y con el Premio de la Crítica de Rejoneo. Entre otros muchos reconocimientos, ha sido distinguido con el Garbanzo de Plata de Madrid, la Puya de Oro de Madrid y el Trofeo Cuatro Palmas.

Ya fuera de los ruedos uno de sus mayores legados culturales fue la creación de La Fundación de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre. Con sede en Jerez de la Frontera, es mundialmente conocida por su exhibición “Cómo Bailan los Caballos Andaluces”, un espectáculo único que exhibe y resume, de manera aparentemente natural, toda la labor que desde su fundación desarrolla esta institución.
En mayo de 1973 S. M. El Rey D. Juan Carlos I, siendo Príncipe de España, hizo entrega en Jerez de la Frontera a D. Álvaro Domecq Romero del “Caballo de Oro”, máximo galardón ecuestre que anualmente se concede en nuestro país como reconocimiento a la dedicación y labor realizada a favor del mundo del caballo. Con tal motivo, Álvaro Domecq presenta por primera vez su espectáculo “Cómo bailan los caballos andaluces” del que arranca la fundación de lo que hoy es la Entidad.

La enorme labor cultural de D. de Alvaro Domecq Romero no sólo queda vinculada al ámbito ecuestre, debemos destacar su gran labor como ganadero de reses bravas al frente de su ganadería “Torrestrella”. Nombres como “Gitanito” toro indultado en Valencia por el maestro Dámaso González en 1993, “Sevillano” indultado por Pepín Liria en Murcia o Flor de Almendro y Alcoholero ambos indultados en Sanlucar de Barrameda por los diestros Enrique Ponce y Manuel Jesús “El Cid” respectivamente, quedarán marcados a fuego en la historia de la tauromaquia moderna.

Debemos destacar en su labor de mecenazgo la total ayuda, apoyo y colaboración con todas las Escuelas de Tauromaquia de Andalucía, a través de la donación de reses bravas a la Asociación Andaluza de Escuelas Taurinas “Pedro Romero” de manera totalmente desinteresada, para su lidia en el encuentro anual que éstas tienen a la finalización de la temporada.
En marzo de 2017 se le concede a D.Álvaro Domecq Romero la “insignia de oro” de la Asociación Andaluza de Escuelas Taurinas “Pedro Romero”, que le entregó D. Emilio de Llera Súárez-Bárcena, Consejero de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía.