Luis Carlos Peris.- Acabada la inolvidable Feria de 1967 con la corrida de Miura, en los carteles figura la guinda de una extraordinaria a beneficio de la Cruz Roja. Franco se encuentra en el Alcázar desde el sábado y para esta tarde se anuncia su presencia en el palco principal de la Maestranza. Aunque ya se apagaron los farolillos hay una gran afluencia de público, ya que la terna la componen tres toreros que vienen de tocar pelo en tardes anteriores. Tercera corrida de Urquijo, abre el festejo Rafael Peralta y alternan Miguel Báez Litri, Jaime Ostos y Curro Romero.

La terna es recibida con aplausos y cuando termina el despeje se multiplican para Romero, que saca a saludar a sus compañeros. Rafael Peralta está muy lucido, le brinda a Franco el primer par de banderillas y cuando despena al murube Bonito de certero descabello se le pide la oreja, pero el presidente, Manuel Zambrano, no accede y el de La Puebla ha de conformarse con una calurosa vuelta al anillo.

La moneda va caer de cruz al poco de saltar al ruedo Baratillo, negro zaíno como el resto de la corrida. Litri, de blanco y oro, lo recibe enrabietado con lances a pies juntos y en uno de ellos es derribado y herido en el suelo. La cornada ha sido en la cara y el parte facultativo que firma el doctor Leal Castaño habla de que el pitón le ha entrado en la boca por el labio inferior, calificando la herida de grave y es trasladado a la clínica Virgen de los Reyes.

La corrida queda en mano a mano de Ostos con Romero. En el toro que cogió al Litri, Jaime está valentísimo, lo exprime por ambos pitones, se adorna con sus habituales giraldillas, se desplanta desarmado ante la cara del animal y, tras un pinchazo arriba, lo mata de certera estocada. Le conceden una oreja y con ella en la mano se pega un paseo triunfal por el ruedo.

El segundo toro también le corresponde a él, ya que no se corre turno alguno. Se llama Navajazo y es bastante menos boyante que el anterior. Por mero compromiso se lo brinda a Franco, pero el toro no colabora y aunque Jaime, que iba de salmón y oro, insiste muy metido en tablas no hay forma de sacarle partido. Por eso, cuando lo mata suenan tibios aplausos.

Primer toro de Curro Romero, que va vestido de fresa y oro, se llama Talismán y con él va a enloquecer a la plaza con su capote único. Ostos quita por ceñidas chicuelinas, banderillean con celeridad Marqueño y Alfonso Muñoz, brinda Curro a Franco y otra faena de ensueño, una más en la que pudo haber sido la Feria más completa del Faraón. Todo el repertorio romerista sale a relucir y a cámara lenta, pero cuando tenía las dos orejas cortadas se demoró con el verduguillo y todo quedó en una vuelta al ruedo de las suyas, despaciosa y entre clamores.

El cuarto, segundo de Litri, también le corresponde a Romero. Se llama Malacara y hay borrachera de arte con el capote en el saludo y apoteosis en el quite, con el viejo Tejera ordenando que sonase la banda. Decididamente, la Feria tiene otro vencedor que acompañe a Ordóñez en el reparto de reconocimientos. Faena preciosa que, una vez más, desluce con el estoque. No mata hasta la tercera agresión y lo que pudo ser apoteósico se queda en fortísima ovación.

Nuevamente Ostos a escena y le toca un toro que atiende por Colino y con el que intenta remontar la tarde al precio que sea. Un quite extraordinario de Romero abre el camino a la esperanza y Jaime tira la moneda al aire en busca del éxito, pero el toro no termina de acoplarse. En su intento de triunfar alarga la faena y los tendidos desconectan, aquello se enfría y cuando mata de estoconazo sólo hay palmas.

El gran costumbrista y prestigioso crítico taurino Antonio Díaz Cañabate tituló la crónica de esta corrida última “Se acabó la Feria del buen toreo”. Y se acaba en este lunes 24 de abril del año de gracia de 1967 con el toro Patatero, número 47 y con 540 kilos de peso. Sale abanto y Romero ha de optar por la eficacia con el capote a fin de fijarlo y que el animal esté en lo que debe estar. El quite es prodigioso y lo remata con una larga cordobesa de ensueño.

La faena va de menos a más, cada vez parecen más acoplados torero y toro para formar un grupo escultórico que enardece a Sevilla. Aquello es un manicomio y como en esta ocasión, lo aceros funcionan, las dos orejas van a parar a sus manos. El ruedo se llena de aficionados y así lo llevan en hombros por el ruedo. A la altura de chiqueros hace bajar al mayoral de Urquijo, que también es cogido en hombros y así atraviesan ambos la Puerta del Príncipe de la Maestranza.

Así estaba la cosa cuando a Curro le dicen que Franco les espera a los tres en el antepalco de la casa maestrante, pero no hay nada que hacer. Franco se queda esperando y Curro es llevado en procesión gloriosa hasta el hotel Colón. De esa manera se le daba el pase de la firma a la Feria de Sevilla de 1967. Se cumplen cincuenta años de aquello y tal como lo viví, quise contarlo ahora trayendo lo que pasó en las ocho corridas en que más cosas pasaron. Y fueron tantas…

Cincuentenario memorable.