Fue una Picassiana muy triste. Por el percance mortal de Ricardo Ortiz, que pone sobre el tapete si esta corrida debió celebrarse. Si se hubiera suspendido, todo el mundo lo hubiera entendido. Como también es comprensible que algunos piensen que el mejor homenaje al torero muerto era celebrar la corrida. Se celebró y no hay nada que objetar. Pero fue una corrida triste por los contenidos y otras cuestiones. El único argumento picassiano eran las barreras decoradas con pinturas realizadas por un sobrino nieto de Picasso. Juan Ortega y Pablo Aguado lucieron ternos corrientes. Fortes uno que rememoraba un cuadro del pintor en su etapa juvenil. No se pudo mucha intención es vestir la corrida de motivos alusivos al pintor malagueño.

Buena parte de la tristeza la puso en bandeja la corrida de toros, cuatro de Puerto de San Lorenzo y dos de El Pilar. Siendo una plaza de primera, una corrida de lujo, no se entiende bien que haya habido que lidiar dos hierros distintos. Dicen que hay pocos toros para plazas de primera. No por ese argumento se comprende la duplicidad.

Dos hierros y todos, una calamidad. Reses muy descastadas, con escasas fuerzas, poca clase, en definitiva, muy poca casta en unos toros preferidos por las figuras actuales. En un apresurado balance final me gustó la embestida del cuarto por la izquierda y poco más.

Fortes pasó inadvertido con el capote en sus dos toros. Se fue a brindar a los chiqueros en homenaje a su amigo desaparecido. A ese primero no le cogió el aire en los comienzos de la faena, sobre todo porque le tropezó mucho el engaño. Fortes estuvo firme y valiente, pero no muy lucido en una faena en la que no faltaron el arrimón, los circulares y las manoletinas.

Lo mejor del malagueño llegó con el toreo al natural al cuarto. Había salido muy suelto y corretón. En las dos primeras tandas con la derecha no hubo acoplamiento. El toro perdió mucho las manos. En la tercera, descubrió que el pitón bueno era el izquierdo. Con los extraños acordes de la Danza del Fuego, surgieron naturales limpios, suaves, rematado por detrás de la cadera y cargando la suerte. El toreo bueno, en definitiva. No fue una labor ligada, pero fue intensa por la calidad de los naturales. Un pinchazo dejó el premio en una vuelta al ruedo.

De juan Ortega hay que destacar unos delantales al quinto en su turno de quites. No fue su mejor tarde capotera. Cuan llevaba al caballo al segundo, resbaló en la cara del toro, que estuvo a punto de herirlo, aunque todo quedó en un golpe en la cabeza. El toro no valió nada. Ortega le echó ganas sin resultados. Primero fue brusco, luego no repitió y acabó parado.

El quinto plantea un dilema de difícil solución para el cronista. Había comenzado la faena con unos doblones excelsos. En las dos tandas con la derecha que abrieron la obre, no se produjo el acoplamiento debido con algunos enganchones. Dos más con la izquierda y tampoco mandó el torero en un toro ciertamente áspero y renuente. ¿Había mejor faena posible a un toro semejante? Me quedan dudas. Ortega no encontró la fórmula, que puede que existiera.

Lo mejor de Pablo Aguado fue su soberbio toreo con el capote en sus dos toros. Lanceó a la verónica con templanza, quietud, buen juego de muñecas y mucho gusto. La faena fue un curso de intermitencias. Entre lo bueno, tres derechazos llenos de naturalidad, algún natural bellísimo y la compostura propia de este torero. Lo menos bueno, que las tandas fueron cortas, nunca ligó los muletazos y se empeñó en lidiar al toro en las rayas, cuando podía reclamar un terreno más cercano al centro del ruedo.

El sexto fue manso y tenía media arrancada. Pablo lo intentó con la tarde ya vencida. De nuevo toreó con muletazos sin ligar los pases, ya con el toro carente de la mínima condición para embestir con casta.

Visto lo visto, si la corrida no se hubiera celebrado no hubiera pasado nada. De todas formas, Ricardo Ortiz recibió el homenaje de la ficción tras su tremenda desgracia.  

Plaza de toros de Málaga. Corrida Picassiana. No hay billetes. Cuatro toros de Puerto de San Lorenzo y dos – 1º y 6º – de El Pilar, correctos de presentación, descastados y sin clase, excepto el pitón izquierdo del cuarto.

Fortes, de vainilla y oro, estocada trasera y tendida (Saludos). En el cuarto, pinchazo y media estocada (vuelta al ruedo tras aviso).

Juan Ortega, de gris perla y oro. Estocada caída (Saludos). En el quinto, pinchazo y estocada corta (silencio).

Pablo Aguado, de obispo y oro. Pinchazo, estocada caída y dos descabellos (silencio tras aviso). En el sexto, pinchazo y media estocada (silencio).

Al inicio del festejo se rindió homenaje a Ricardo Ortiz, fallecido este Viernes Santo en los corrales de la plaza. El paseíllo se hizo sin música y al final del mismo hubo un toque de oración. Los toros lucieron divisa negra en señal de luto. Juan Ortega recibió tres puntos de sutura en la cabeza en la enfermería Saludaron en banderillas Miguel Ángel Sánchez e Iván García.

sevillatoro.es
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