Con su falta de raza y poca clase en varios toros, la corrida de Alcurrucén tuvo la virtud de la nobleza; o, mejor dicho, ha dejado estar con comodidad a la terna. Dentro de ese bajo nivel, dos toros han tenido más fondo, segundo y cuarto, lo que fue aprovechado por sus matadores para ofrecer lo más destacado de una tarde presidida por el viento, el frío y la lluvia.

Todo comenzó con un ejercicio de entrega por parte de Pepe Moral, que se fue a portagayola en el primero de la tarde. Solventado el trance, el corretón astado de Alcurrucén le impidió lucirse con el capote. Lo cierto es que no ha habido ningún toreo de capa en toda la tarde. Ya se sabe que estos toros salen abantos, difíciles de parar y brillar con el percal no es tarea fácil. En los apuntes aparecen unas chicuelinas de Pepe Moral al tercero y poco más.

El torero de Los Palacios se quitó las zapatillas antes de que el cielo se pusiera negro y arreara agua en el cuarto. El primero se paró en una muleta puesta y dispuesta. Cuatro tandas con la derecha y solo una con la izquierda en una labor de esfuerzo y buena voluntad. Si hay que destacar algo: los pases de pecho. Moral los dibuja con energía y dominio.

Salió el cuarto y la plaza se desconcertó con el aguacero, acompañado de algún trueno y relámpago. No se lo pensó dos veces y se la puso con decisión sobre la derecha. De nuevo, grandes pases de pecho abrocharon tandas de torero templado. Tras un desarme con la zurda, de nuevo logró llevar prendida de los vuelos la embestida del burel en una faena de matices estimables. El palaciego dio una vuelta algo generosa.

Lama de Góngora sorteó el mejor de la suelta de los hermanos Lozano. El segundo, también corretón, justo de fuerzas, metió bien la cara en la muleta de un torero que aunó en su labor una buena dosis de entrega con detalles de innata torería, ya más que demostrada en ocasiones precedentes. Con alguna intermitencia regó el albero de muletazos de buen sabor torero, sobre todo esos naturales citando de frente que firmó en el declive de su labor. Pinchó antes de la estocada, escuchó un aviso, pero todo ello no fue ningún inconveniente para una petición de oreja en el límite, atendida, faltaría más, por un palco dubitativo.

Con el quinto no pasó gran cosa. Toda la faena transcurrió sin ligazón. Y ya se sabe que en el toreo hay que ligar. Entre la falta de clase del toro y el esfuerzo sin resultado de Lama, todo pasó sin que nada se pudiera contar.

El muy nuevo Fabio Jiménez no tuvo suerte y tampoco la buscó. En conjunto, el suyo fue el lote malo de la tarde. El tercero, carente de fondo, corto de vida, ayuno de calidad, solo le permitió un toma y daca para robar pases sueltos de uno en uno. Entre ellos, uno larguísimo fue rotundo. Ahí quedó la señal de que este Fabio sabe torear. Tal vez le faltara algo de mayor decisión.

El sexto fue un toro vulgar de principio a fin. Ni embistió por abajo ni Fabio se mostró dispuesto a jugarse algo ante unas arrancadas sin vida. Luego lo mató mal y su debut en Sevilla como matador de toros pasó sin relieve. Dos horas y media con pocos momentos para gozar en la plaza como consecuencia del buen toreo.  

Plaza de toros de Sevilla, 2ª de abono. Media plaza. Seis toros de Alcurrucén, correctos de presentación y de juego muy desigual. En conjunto, una corrida baja de raza con dos toros, segundo y cuarto, mejores. El resto, deslucidos.

Pepe Moral, de verde y azabache. Estocada (saludos). En el cuarto, estocada caída y descabello (vuelta al ruedo).

Lama de Góngora, de caña y oro con cabos negros. Pinchazo hondo y estocada (una oreja tras aviso), En el quinto, pinchazo y estocada (silencio).

Fabio Jiménez, de verde petróleo y oro. Estocada desprendida (saludos tras aviso). En el sexto, dos pinchazos y estocada (silencio).

Segunda del abono. Nada destacado entre las cuadrillas. Lluvia intensa en el cuarto y moderada a continuación.

sevillatoro.es
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