Una corrida de accidentes en cadena fue la quinta de la Feria de Almería, donde los toros de joselito impidieron el lucimiento de la terna. Las dos orejas de Torres Jerez fueron otro accidente como el de Morante en el primero y el de Talavante en el quinto.

El Tajo y La Reina / Morante, Torres Jerez y Talavante

Plaza de Almería, 5ª de Feria. Dos tercios de plaza. Tres toros de La Reina y tres de El Tajo, segundo, tercero y quinto. Desiguales de presencia, los tres primeros terciados, y de escaso juego. Justos de raza y complicados. Rachas de viento. Torres Jerez salió a hombros.
Morante de la Puebla, grosella y azabache, cogido en el primero. En el sexto, estocada baja (bronca). Fue asistido de una conmoción cerebral.
Torres Jerez, obispo y oro, estocada trasera (dos orejas). En el cuarto, estocada baja (saludos). Mató el primero de la tarde de pinchazo y estocada (saludos)
Alejandro Talavante, lila y oro, estocada trasera y descabello (saludos). En el quinto, estocada perpendicular (una oreja). Pasó a la enfermería con un golpe en tórax y hombro izquierdo

Carlos Crivell.- Almería

El primer acto de la corrida fue de impacto. El toro de La Reina, reservón siempre, midiendo cada arrancada, cogió a Morante de la Puebla al tercer doblón por bajo. Lo empaló por la pierna derecha y el diestro cayó de lado. El toro le tiró una cornada al cuello. Morante quedó tendido sobre el albero, inmóvil, como un pelele. Lo recogieron las asistencias y se lo llevaron a la enfermería. El torero iba conmocionado, blanco con el añadido de un maquillaje de albero amarillo sobre su tez morena.

La plaza quedó como paralizada. A las primeras de cambio, el torero que polarizaba el máximo interés de la corrida se marchaba a la enfermería y los rumores se disparaban. Por fortuna, pronto se supo que todo era un golpe y que el torero estaba en condiciones de salir a matar el sexto, para lo cual se debía correr el turno.

El sexto no quería, como casi toda la corrida. Morante dibujó un lance sobre la izquierda como único detalle de su primor torero. El toro era un aguafiestas, huidizo, manso, carente de sangre brava. Morante anduvo por allí si poder ensayar si un pase. Le arreó un sopapo y la gente se enfadó. Se enfadaron más de la cuenta, sin tener en cuenta que el de Joselito no le servía ni a Morante ni al que inventó el toreo.

Torres Jerez mató tres toros. Se hizo cargo del que golpeó a Morante. El toro no le ayudó nada y el de Almería estuvo bullidor en una faena de voluntad, corta como procedía dadas las circunstancias. En la plaza seguía la conmoción.

En su turno, Torres Jerez se peleó con un toro problemático con el que volvió a plantear una faena de más ganas que fondo, que comenzó de rodillas, siguió con doblones, continuó con muletazos desiguales por el lado izquierdo y que tuvo ramalazos de buena clase, aunque también excesivos enganchones. Faena de voluntad por encima de calidad. Al matar de una estocada trasera, sus paisanos pidieron las dos orejas que, de forma sorprendente, le fueron concedidas. Es otra de las decisiones extrañas del palco y de las peticiones fuera de lugar de un público que se pasa en generosidad sin medir la realidad de lo que ocurre en el ruedo. A veces dos orejas pueden ser un castigo.

Con el que mató en cuarto lugar, toro blando y que planteó muchos problemas, Francisco Torres Jerez volvió a plantear faena por el lado izquierdo aunque no logró templar a un animal que se defendió siempre.

Alejandro Talavante también sufrió el mal juego de los toros de Joselito, que desde el callejón presenció el mal juego de sus toros con el gesto fruncido.

Al que mató como tercero le hizo una faena reñida con el temple. No se acopló, como se dice en el argot taurino. Talavante insistió por ambos pitones, se sucedieron los enganchones, entre los cuales surgió algún muletazo más largo.

Lidió al segundo de su lote en quinto lugar. El toro tuvo una primera parte de faena con vivacidad y alegría. Talavante toreó por abajo con largura y más templanza. En la tercera tanda, cuando intentaba seguir con los muletazos, el animal se frenó y le dio un cabezazo tremendo al extremeño en el pecho. El dolor fue percibido por toda la plaza. Aún tuvo arrestos para dibujar algunas manoletinas y matarlo. Ni siquiera paseó la oreja. Dolorido y maltrecho, Talavante pasó a la enfermería, justo en el mismo momento en el que Morante la abandonaba para lidiar al sexto.

En el sexto ya saben lo que pasó. Morante se lo quitó de encima a las primeras de cambio. La plaza rugió. Al final aplaudieron al torero local por la Puerta Grande en un festejo con muchos accidentes.

A %d blogueros les gusta esto: