CURRO ROMERO. MATADOR DE TOROS

"Faltan toreros geniales"

Carlos Crivell

Era el mismo escenario, la plaza de toros de Valencia, en Fallas. Y el mismo torero: Curro Romero. Pero entre su presentación y la tarde de ayer han transcurrido cuatro décadas en las que el «Faraón de Camas» se ha convertido en un mito del toreo. El diestro con más alternativa en activo repasa para EL MUNDO su carrera y habla sobre su futuro.

Curro Romero está ilusionado. A pesar de ser el único diestro con 40 años como matador, el Faraón de Camas afronta el reto del tiempo y del toro con la ilusión de un novillero.

-¿Qué significan 40 años de alternativa para Curro Romero?
-Lo he pensado algunas veces. Tengo tiempo para pensar, porque soy torero de pocas corridas y me da tiempo para pensar. Me parece increíble que siga en activo, aunque ha sido un tiempo visto y no visto. Estos últimos años soy un torero nuevo, me recuerda a mi tiempo de novillero; salgo a recibir toros con alegría. Es muy bonito, pero también es muy peligroso.

-¿Sospechó que podría estar tantos años en activo?
-Esas cosas no se piensan nunca. Ahora está de moda hablar del número uno, cosa que no entiendo en el toreo. Las cosas tienen que llegar poco a poco. He pasado la vida según llegaba. Algunas etapas han sido muy negras, pero así es la vida de los artistas.
-¿Qué recuerdos tiene de la tarde de la alternativa?
-Fue una tarde significativa, pero siempre es una tarde de nervios. En mi caso, los toros no embistieron y pronto se me olvidó.

-¿Cuándo se percató de que Curro era un torero diferente para los aficionados?
-La verdad es que desde que era novillero la gente ya me seguía y estaba como loca cuando cuajaba un novillo. Cuando debuté en Sevilla de novillero, el público me vio y entendí que mi relación con los aficionados era diferente. Aún hay gente que habla de esa tarde.

-¿Y una fecha inolvidable para Curro Romero?
-Sin ninguna duda, la primera de los seis toros en Sevilla. Fue una feria que no se me había dado bien y había que hacer algo para llamar la atención. Pensé que algún toro tenía que meter la cabeza para cuajarlo, pero no sospeché que todos fueran buenos. La tarde fue redonda.

-Sufrió muchas cornadas en sus primeros años. ¿Cómo influyen en un artista los percances?
-El torero sabe que alguna vez el toro puede herirlo. A mí me han dado fuerte los toros, era el tributo que debía pagar. Mi arte no ha cambiado con las cornadas, porque siempre me cogieron toreando, nunca estaba corriendo.

-¿Ha habido momentos difíciles en su trayectoria?
-Muchos. Todo el mundo no acepta que los artistas no podemos estar bien todas las tardes. Otras veces, el momento difícil ha llegado porque he tenido que compartir carteles con toreros muy alejados de mi corte. Siempre me ha gustado estar al lado de toreros de sentimiento, porque a la plaza acude gente de sensibilidad.

-El tramo final de su trayectoria ha mostrado a un diestro transformado. ¿Cómo se puede explicar, a su edad, estos triunfos?
-Sí, son años muy buenos. Soy consciente de que esto ya está terminando. Me queda muy poco, pero hay cosas de mi toreo que las tengo dentro y quiero sacarlas. Creo que podré realizarlas si las piernas me aguantan. Son matices de mi arte, algunos perfiles que están por ahí dentro. Por ese motivo salgo cada tarde dispuesto a buscar algo nuevo, y eso me llena de ganas de torear. Me tengo que dar prisa por dar todo mi arte.

-¿Es un milagro que siga poniéndose un traje de luces?
-Es posible que sea un milagro. Pero tiene su explicación lógica. Sigo toreando porque hay gente que me espera. Y también porque Dios me ha dado una naturaleza muy fuerte para estar delante de un toro a mi edad. Algunos dirán que paso algunas fatigas, pero también las pasé de joven.

-¿Es necesario ser un torero «de arte» para seguir en activo?
-Sí. Los toreros de recurso necesitan muchas facultades. Un artista también tiene que estar fuerte, pero lo necesita menos, porque lo importante es poder dar 15 o 20 pases, cuando los otros necesitan dar 80 para que la gente se entere de algo.

-¿Entienden los públicos nuevos su toreo?
-El arte no tiene fronteras. La pureza tiene mucha fuerza y siempre he tratado de ser puro. Eso lo entienden hasta los que no han visto una corrida en su vida.

-¿Se le puede preguntar qué plaza prefiere, Sevilla o Madrid?
-Son dos plazas con personalidad y las que mandan en la Fiesta. Ambas marcan el camino de un torero. En mi caso, tanto Sevilla como Madrid han sido decisivas. Ampliaría el abanico y hablaría de Andalucía, que es una tierra caliente y llena de sensibilidad. Hace unos años, Madrid era una plaza maravillosa por el público y por el tipo de toro. Las cosas son ahora distintas. Madrid es necesaria porque pone el dinero, pero Sevilla es la que te da rienda suelta para poder presumir de torero.

-Usted ha sido un torero muy querido por la afición madrileña.
-Seguro que es así. Cuando llegué a Madrid ya me había descubierto Sevilla, y esos toreros se reciben con lupa, pero en mi caso me trataron con clase, sobre todo porque los aficionados de Madrid eran muy buenos. En realidad, sigue pasando ahora cuando un torero hace bien las cosas.

-¿Qué hará Curro cuando ya no toree?
-Será muy duro y está próximo ese momento. Todo se acaba en esta vida. Cuando ya no toree seguiré viviendo, que es lo más grande que hay en el mundo. Soy torero, sólo respiro cosas de toros, quiero agotar mis posibilidades, aunque entiendo que me expongo demasiado. El día que no pueda torear, seguiré siendo persona.

-¿Es consciente del peligro que corre en la plaza?
-Cuando me embiste un toro me entrego por completo, así que el riesgo es muy grande. A mi edad, una cogida siempre tiene más problemas. Mi vida corre peligro cada vez que me olvido de mi cuerpo dando un pase muy despacito. Algunos aficionados entenderán bien lo que quiero expresar.

-¿Puede un torero «de arte» predecir cuándo estará bien?
-Es imposible. Existe la inspiración, pero llega cuando menos se espera. Siempre tengo dudas sobre cómo puedo estar cada día. El toro que sale al ruedo es como una guitarra para un buen “tocaor”. El toro que obedece y mete bien la cara es la guitarra que me inspira. Algunas veces he ido a la plaza desanimado y todo ha salido bien. Y al revés.

-¿Tiene algo especial esta temporada?
-¿Especial? Que siempre recordaré que han pasado 40 años, que es cierto que ha sido como un suspiro, pero han pasado muchas cosas que llevo dentro. Pienso en lo mejor, porque por eso sigo aquí.

-¿Qué matices le quedan por perfeccionar a su toreo?
-Lo que siempre me ha preocupado: cuanto más despacio, mejor. Y poder ligar los pases y arrebujarse con el toro, que todo aparezca suave y sin forzar nada. Es el toreo que he hecho y buscado siempre.

-¿Qué futuro tiene el toreo «de arte»?
-Faltan toreros geniales. El artista nace, pero tiene que llegar el día de poder demostrar sus cualidades. Confío en el futuro. Siguen naciendo ese tipo de toreros, pero hace falta que les den sitio.

-¿Ser «currista» es una forma de entender la vida, como dijo un juez recientemente?
-Estoy seguro de que es así. En Sevilla existen muchos curristas que son distintos. El juez que ha dictado esa sentencia ha dado en el clavo.

-¿Es consciente de la leyenda que se teje en torno a su persona?
-Me gusta vivir al día. Dicen que soy un mito viviente, pero eso es algo que me da igual. Se cuentan muchas cosas, algunas incluso no son verdad, se exageran.

-¿La retirada tiene una fecha desconocida?
-Nunca me he traicionado como torero y no lo haré ahora. El adiós llegará, es inevitable, pero no tiene fecha y será en silencio.

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