Luis Carlos Peris.– Apareció esa polémica anual que rodea la develación del cartel de la temporada en la Maestranza, pues el aficionado hubiese querido ver a Chicuelo sin necesidad de que se lo expliquen. Cuando un cartel necesita ser explicado, su valía se pone en cuarentena. Un cartel es un grito perfectamente inteligible y no un galimatías más o menos artístico, que en eso yo no me meto. Para gusto están los colores y un servidor no pasa de decir me gusta o no este cuadro, esta película o esta escultura. Pero ni el personaje del cartel se parece al excelso torero de la Alameda ni tampoco el lance al que le dio nombre es como salió de los pinceles de la salmantina María Gómez. Y uno se retrotrae a cómo Ruano Llopis o Cros Estrems plasmaron a Chicuelo y su chicuelina para convenir que en el cartel de marras nada es como hubiésemos querido que fuese el recordatorio a Chicuelo.

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