Ángel Luis Lorenzo.- El tema de la dignidad está de actualidad. Concepto Primario, desde donde se construyen grandes cosas, que se manifiesta en una actitud de resistencia de los humanos a poder mantener nuestra propia condición y se concreta en una actitud determinada de enfrentamiento y no de distracción.

Se pregona mucho la dignidad de los toros (muerte in-digna del toro en el coso), del toreo (elemento constitutivo de la personalidad histórica y cultural del pueblo español).…y ¿Dónde queda la dignidad del torero?

Algunos, como el Juli (uno de los integrantes del G-5) ya la reclamaban con la empresa Pagés por el año 2014: “A nivel personal, en virtud de mi compromiso ético con la tauromaquia, puedo afirmar que no toreo con la empresa Pagés mientras no se respete mi condición y dignidad como torero, la mía y la de mis compañeros”.

Recientemente, contamos con muchos ejemplos visibles a las puertas de las plazas de toros: Jesús Álvarez, anteriormente el novillero algabeño Javier Velázquez (terminando de una forma no  positiva). En el recuerdo otro torero sevillano, Antonio Camarena, que consiguió tomar la alternativa en Sevilla después de otra huelga de hambre, reincidiendo algunos años después (encadenándose a una cruz a las puertas de la Catedral hasta conseguir su inclusión en los carteles sevillanos de 1987). Hace unas semanas, el matador de toros David Moreno ‘Alcazabeño’ iniciaba una huelga de hambre en la puerta principal de la plaza de toros de Granada para exigir que le dejen torear en la Feria del Corpus de la capital.  Durante siete días, en agosto de 2017 estuvo Cristian Pèrez en la puerta grande de la plaza de toros de Albacete. El caso es que en pleno siglo XXI las huelgas de hambre en el toreo parecen ser la alternativa, ante la escasez de contratos (donde uno tiene que pagar para torear) y las tapias cada vez más vacías.

El Toreo exige gran capacidad de esfuerzo y sacrificio, justamente lo contrario a lo que nuestra sociedad busca y predica. Respeto, una educación, una ética, una dignidad, una verdad, que se echa  de  menos en otros colectivos, no deben de perderse en el nuestro.

La resistencia a perder su condición de algunos, en huelga de hambre en la puerta del Príncipe en Sevilla o en la puerta de arrastre de las Ventas: ¿Posibilita preservar la condición de dignidad de todos los demás toreros? ¿La dignidad humana es de perdedores o de trágicos? Lo cierto, es que es algo, que se conquista ante la posibilidad de pérdida de la condición humana, y desde mi punto de vista, no todos están actuando dignamente.

Recuerdo esa frase célebre de Santiago Martín el Viti: “A las plazas se viene llorado” Ahora, habría que cambiarlo por: “A las puertas de las plazas, no se llora”. Se logré o no el objetivo, se toree o no: uno nunca deja de ser y sentirse torero. Mientras tanto, sigue la espera, el entrenamiento a la búsqueda de una tarde soñada cada día, y en medio de carteles cada vez más previsibles. Por las vías del ayuno las empresas están pasando por el aro, ¿Será que estamos en Cuaresma o se convertirá en algo habitual? Como ya  diría Antonio Machado en Campos de Castilla por el año 1917:

—Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
—El vacío es más bien en la cabeza.

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