Carlos Crivell.- Hubo un tiempo en el que una crónica podía acabar con la carrera de un torero o bien podría relanzarla hasta la cumbre. Eran otros tiempos. El papel de la crítica tenía tanta trascendencia que incluso los de segunda o tercera fila eran temidos, de manera que se estableció el sistema del sobre para comprar las opiniones. Había sobres para casi todos, para los más importantes y para los de una radio local de provincia.

Esa importancia de la crítica se ha diluido completamente y ahora ninguna crónica, buena o mala, modifica en absoluto el futuro de un torero. Y, por supuesto, no hay sobres, afortunadamente. El meollo de la cuestión es cómo la crítica ha perdido su influencia. En parte, la culpa es de la propia velocidad de la información actual y del predominio de la imagen sobre el texto de opinión, que también está modificado por esa misma velocidad que hoy exigen los medios. Antes de acabar una corrida, ya se pueden ver las imágenes de una buena faena en las redes sociales. Antes, la gran faena la contaba una crónica. Y así han pasado a la historia algunas obras maestras con sus textos correspondientes, casi todos culminados por un titular sublime. Por ejemplo, “Es de Ronda y se llama Cayetano”. Hay infinidad de ellos. Ahora ninguno de los que ejercen como críticos puede presumir de haber inmortalizado una lidia con un texto sublime, que aunque existan no influyen como hace algunos años.

Decía que ya no existe el sobre, aunque hay otro tipo de sobre que tiene su origen en la propia información. Si eres mi amigo y me tratas bien, te doy exclusivas. Pero ese es otro tema que ya será abordado a su debido tiempo. La realidad es que la crítica influyente ha pasado a la historia.

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