Luis Carlos Peris.– Cuando el acto de entrega de premios que la Real Maestranza de Caballería de Sevilla concede a universitarios y toreros, el ministro de Cultura pasaba por allí. Presidía el acto junto al Rey, pero se le veía como si la cosa no fuera con él. El tiempo se ha encargado de demostrar que el mundo del toro no sólo le importa una higa, sino que parece encantado con el ninguneo que su Ministerio se trae con el segundo espectáculo en número de espectadores que registra este pobre país aún llamado España. Hay que ver la de años que estuvo el mundo del toro intentando pasar de Interior a Cultura para esto. Tanto esfuerzo para escapar de las garras de la Policía y ser considerado como cualquier otra manifestación cultural para esto que sufre. Para no tener un mínimo de la consideración que merece el espectáculo que, tras el fútbol, deja mayores dividendos en las arcas comunes.

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