paula8-660x440Luis Carlos Peris.- Llorar como sólo puede llorar todo un hombre resulta conmovedor. Nada que ver con las lágrimas de Boabdil cuando entregó Granada, que no era, precisamente, un dechado de virilidad según Aixa, su racial progenitora. Llorar como todo un hombre no mueve a la conmiseración sino al respeto, que es lo que yo siento hacia un personaje que nos hizo levitar en la arena y entristecernos en la calle. Las lágrimas de Rafael de Paula en un convento de Zamora fue la media verónica que remató el homenaje cabal de unos aficionados. Fiel a esa estética gitana de pañuelo a guisa de corbata y mayestático como se mostraba con el capote en sus manos, Rafael Soto Moreno, el último mago del toreo calé, rompió en lágrimas de hombre al percibir un cariño sin sombras que eclipsaran una muestra de admiración que hubo de recibir nada menos que allá lejos junto al Duero.

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