Escribano_cornada_Alicante2016Luis Carlos Peris.- Trece días antes había sido lo de Rafa Serna en Las Ventas y también en la suerte suprema, ese lance que da y quita en el que se le pierde la cara al toro un instante que puede ser fatal. Y en este sábado de Hogueras alicantinas, Manuel Escribano pasaba por el mismo trance que su joven colega el novillero Serna, el hijo de ese pregonero que puso en pie a Sevilla el Domingo de Pasión. Como en aquella tarde de domingo en Las Ventas, Manuel fue al todo o nada con la mirada en el morrillo del adolfo con el que tan bien dialogó. La vida a una carta en ese ritual en el que se muere de verdad. Fue como lo de Manolete en Linares y por ir con la sinceridad por delante, con la mirada en el morrillo y las ingles a merced de las dos guadañas que cada toro lleva en sus sienes. Pero a Dios gracias, tanto Rafa como Manuel estaban en dos plazas del primer mundo, que si no…

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