Luis Carlos Peris.- Empalagosos a más no poder, llenándoseles la boca de tanto insistir en que Madrid es Madrid y Las Ventas la primera plaza del mundo, además de que San Isidro es el Mundial del Toreo, he de confesar que ver toros en Madrid es un martirio. El martirio comienza por la cosa de que el toro que allí sale es casi imposible que embista por su morfología de mastodonte semoviente. Pero no está ahí lo peor, sino que todo empeora viendo cómo el protagonismo del Tendido 7 sigue manejando la corrida en la comprobación de que, en aras a una rigurosidad desmesurada e injusta, disfrutan reventando el espectáculo. Ir a los toros en Madrid es como ir a un potro de tortura que en nada se parece al objetivo de todo espectáculo, que es el de pasar un rato agradable. Pero no todo es malo, algo se ha arreglado en Las Ventas y es que ya el torilero no viste de luces. Eso hemos ganado.

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