Diego Ventura juega en otra liga. Se podría decir que es Morante del toreo a caballo. Salir a rejonear después de una de sus cumbres a caballo es un problema de imposible resolución. En esta corrida de la feria de Málaga ha vuelto poner tierra por medio entre su toreo a caballo y el de sus compañeros.
Las dos orejas se las cortó al quinto porque acertó a la hora de la muerte, pero ya en el primero de su lote podría haber cortado otras dos orejas sin el fallo con los aceros.
En ese segundo descubrí a un caballo llamado Oro Negro, que habla cara a cara con los toros, los templa, los quiebra y sabe con gallardía de la suerte. El ya más conocido Quitasueños citó en corto para quebrar en un palmo de terreno. Todo un prodigio que no tuvo colofón con la suerte suprema.
Pero salió el quinto, tan mansito como los demás, y la plaza vivió una explosión jubilosa ante una labor plena de dominio, técnica y precisión. Ahora fue el momento de Quirico, Lío y Bronce, con el que clavó sin la cabezada, en una labor que llevó el clamor al tendido. No cabe mayor maestría a caballo. Ahora sí, ahora mató a la primera y se llegó a pedir el rabo, aunque todo quedó en el doble premio con una salida espectacular por la Puerta Grande.
A su lado, la buena doma de un Rui Fernandes muy entonado con sus dos toros. El primero alcanzó a El Dorado y le infirió una cornada de la que fue operado en la misma plaza. Con el cuarto rayó a mejor nivel en una labor de buen nivel, acertó al clavar y exhibió a sus caballos H-Quiebro y Mistral. Nuevamente falló con los rejones de muerte.
Por su parte, el veleño Ferrer Martín puso una tremenda voluntad y una entrega encomiable en unas lidias algo vertiginosas, en las que alternó pasajes más acertados con otros de menor valor.
Todo ello con una corrida mansa de Los Espartales, poco colaboradora, en la que el resplandor de Diego Ventura se apoderó de la escena para volver a demostrar que entre su toreo a caballo y el de los demás hay un abismo.
Plaza de toros de La Malagueta, 16 de agosto de 2026. Tercera de Feria. Tres cuartos de plaza. Seis toros de Los Espartales, el cuarto lidiado como sobrero, mal presentados, mansos y de poco juego.
Rui Fernandes: silencio y vuelta al ruedo.
Diego Ventura: silencio y dos orejas.
Ferrer Martín, vuelta al ruedo y saludos.
El caballo El Dorado, de Fernandes, fue herido de gravedad. Ventura salió a hombros por la Puerta Grande.




Nacido en Sevilla en el barrio del Arenal, en la calle Pastor y Landero, frente a la Maestranza. Aficionado a los toros desde su infancia gracias al ejemplo paterno, un viejo amante de la fiesta que vio torear a Guerrita. Abonado de la Real Maestranza desde pequeño.