Juan Ortega. Foto: EFE

Carlos Crivell.– El cartel quedó recompuesto por las bajas de El Fandi y Castella. En su lugar, Finito y Juan Ortega. El estropicio se notó en la entrada. Los tres primeros de El Puerto fueron muy mansos. Los dos primeros, de correr por la plaza sin rumbo en huida desesperada. El tercero, de quedarse en las tablas aquerenciado. El cuarto pareció bueno en comparación con los anteriores, huyó menos, fue un compendio de sosería, aunque se dejó torear. Los que cerraron el festejo, mansos también, fueron reses de más recorrido, aunque justos de raza y clase.

Finito estuvo voluntarioso con el primero. La voluntad en los artistas es siempre digna de elogio. Fue imposible el lucimiento. Corrió detrás del toro por toda la plaza para conseguir algunos muletazos de buen corte. Faena muy larga, hasta el punto de que sonó un aviso antes de entrar a matar. La voluntad se premió con una llamativa ovación después de dos avisos.

El cuarto le permitió estar más tranquilo. El del Puerto se dejó dar algunos muletazos dentro de su completa falta de raza. Derechazos con el sello de Finito, compostura en los andares y en los gestos, muy en el aire del cordobés. Entró la espada a la primera y dio la vuelta al ruedo.

Miguel Ángel Perera se fajó con el muy manso segundo para someterlo. Cuando el animal ya estaba agotado de sus correrías, Perera bajó la mano en tandas dominadoras sobre la derecha, en las que fijó al toro a su muleta. Una labor de mérito que no tuvo el debido colofón con la espada. El quinto, también manso en los primeros tercios, fue bueno en la muleta, ya frenado de sus carreras por el ruedo. Perera completó tres tandas con la derecha de trazo desigual, más preocupado de dominar, lo que redundó en cierta rapidez en el trazo. Más centrado al natural en dos tandas de muletazos más largos y reunidos, para volver a los derechazos con algunos enganchones. En la base final, muy quieto lo pasó por alto para encandilar al tendido. Antes de matar, un espontáneo se marcó un cante. Mal asunto si prolifera. Algunos espadas parece que los llevan en nómina. Volvió a dar un mitin con el estoque. Seis pinchazos y una baja.

Para Juan Ortega fue el tercer manso de la primera parte de un festejo de un ritmo lentísimo. Ya se sabe que con mansos en la plaza todo va al ralentí, la lidia y el palco. Ortega dibujó tres verónicas enormes por el pitón izquierdo en el centro del ruedo. No cabe más compás ni mejor juego de brazos. El toro corrió menos, pero se fue a las tablas. Ortega estuvo centrado y dejó algunas muestras sueltas de su torería. Fue una labor farragosa con pocos logros.

Ortega dibujó unas chicuelinas preciosas en el sexto. El capote de Juan José Trujillo le enseñó el camino con mucho temple. El sevillano les brindó el toro a sus compañeros de cartel. Castigó al toro por bajo con majeza. Ante un animal con la cara alta, Ortega dibujó pases de calidad por la derecha, algo deslavazados, para no encontrar acoplamiento con la izquierda. Hubo prestancia y torería siempre. Mató pronto y se dio una cariñosa vuelta al ruedo.

Plaza de toros de La Malagueta, 20 de agosto de 2019. 7º de feria. Media plaza. Seis toros de Puerto de San Lorenzo, bien presentados y mansos en distinto grado. 1º y 2º, huidizos y entablerados; 3º, manso con mal estilo; 4º, soso y flojo; 5º, noble con poca clase, 6º, descastado sin humillar.

Saludaron en banderillas Curro Javier, Javier Ambel, Jesús Arruga, Juan José Trujillo y Perico.

Finito de Córdoba, de negro y azabache. Dos pinchazos y estocada atravesada. Saludos con palmas tras dos avisos. En el cuarto, estocada. Vuelta al ruedo tras leve petición.

Miguel Ángel Perera, de grana y oro. Pinchazo, estocada muy baja y estocada baja. Saludos. En el quinto, seis pinchazos y estocada baja. Saludos tras aviso.

Juan Ortega, de verde hoja y azabache. Pinchazo y estocada. Saludos. En el sexto, media atravesada. Vuelta al ruedo.

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