Luis Carlos Peris.– Como en todos los jueves de julio, la cita en la Maestranza para ver a seis ilusionados muchachos que sueñan con ser toreros es de obligado cumplimiento. Tiene un encanto innegable acudir al templo taurino en la seguridad de que podrás encontrarte con conocidos para así montar una tertulia. Las noches de las sin caballos tienen su puntito, ya que es lugar de encuentro de cabales desperdigados que hallan en los tendidos donde pegar la hebra. También hay sitio para un público heterogéneo de nevera y bistec empanado que se divierte pidiendo orejas de manera desenfrenada. Hay hueco para todo el mundo, para el aficionado que va siempre y para familias enteras que acuden a la plaza como antaño se iba al cine de verano. Y con la alerta amarilla por el subidón de los mercurios, más sugerente se presenta la oferta de ver a seis ilusionados en busca de su ilusión.

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