Menudo petardo de novillada mandó el matador de toros Alejandro Talavante para el día del Corpus en Sevilla. Las reses parecían enfermas, asfixiadas, desfondadas y hundidas. Además de muy mansas. Con este material, una terna que había despertado mucha ilusión se estrelló sin muchas posibilidades, salvo Diego Bastos que aprovechó las primeras arrancadas del más encastado cuarto, manso como el resto, para componer una buena faena de muleta. La decepción en la plaza fue enorme. La novillada estaba podrida y queda señalada para el futuro. Es de las que eligen los que pueden hacerlo para venir a Sevilla. Ya no debe volver por esta plaza.

Decíamos que Bastos estuvo bien con el cuarto. Estuvo bien salvo con la espada. Le dieron una oreja después de un bajonazo. Me quedan muchas dudas incluso si la petición era mayoritaria. Volvemos a lo de siempre. El Reglamento ampara a los presidentes, que si consideran que hay petición en mayoría se ven obligados a sacar su pañuelo, pero llega un momento en el que el palco debe tener el rigor necesario para defender el prestigio de la plaza. Me dijo un novillero que pasó por mi lado: No sabía yo que con estas estocadas se podían cortar orejas en Sevilla. Y llevaba razón.

Todo lo cual no puede empañar la buena faena de Bastos, que le dio distancia al animal, único con movilidad encastada, para ligar tandas sobre ambos pitones con mando y poderío, siempre rematando con excelentes pases de pecho. El novillo, fiel al comportamiento de sus hermanos, se rajó y allí en las tablas el chaval de Constantina le enjaretó circulares. Lo dicho, la espada cayó en el sótano y la oreja en sus manos.

Con el primero de la tarde, novillo con cierta movilidad y malos finales, Bastos estuvo firme y templado hasta que el animal se paró por completo. Se había ido a portagayola y lo saludó con lances apretados.

El cordobés Manuel Román casi quedó inédito. Con el capote, alguna verónica aislada, y quites variaos por tafalleras y saltilleras, que dejaron la huella de su buen estilo. El jabonero segundo salió parado de chiqueros y más todavía se frenó en la muleta. Román pudo robar algún muletazo suelto de calidad, pero el conjunto no pudo ser brillante. Más triste fue lo del quinto, un animal al que recibió con buenas verónicas y chicuelinas. Tras pasar por el caballo, el de Talavante, como si estuviera enfermo, se paró por completo. Fue imposible hilvanar faena. Con la espada tampoco estuvo muy acertado, pero el novillo se murió casi sin necesidad de que lo mataran.

Mala suerte para el esperado Javier Zulueta. El tercero fue manso en todas las suertes. Se lo brindó a su apoderado Ramón Valencia Canorea y porfió mucho para lograr algunos muletazos de buen corte. Fue una faena larga y escuchó un aviso antes de matarlo. El sexto fue otra especia muerta en vida que se apalancó sobre el albero y se quiso tumbar antes de que Javier lo matara. De hecho, después de un pinchazo se murió.

Plaza de toros de Sevilla, 30 de mayo de 2024. Novillada del día del Corpus. Algo más de media plaza. Seis novillos de Talavante, correctos de presentación y de pésimo juego por desfondamiento y falta de casta. Se dejó más el manso cuarto.

Diego Bastos, de azul y azabache. Pinchazo y estocada que asoma (saludos). En el cuarto, estocada muy baja (una oreja).

Manuel Román, de lila y plata. Pinchazo y estocada (saludos). En el quinto, pinchazo y media atravesada (silencio).

Javier Zulueta, de celeste y oro. Dos pinchazos y estocada trasera (saludos). En el sexto, pinchazo y el novillo se echa (silencio).

Manuel Román brindó el quinto a Emilio Muñoz y Zulueta el tercero a Ramón Valencia Canorea.  

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