La única novillada con picadores nocturna, celebrada con calor sahariano, fue un suplicio por culpa de una novillada sin fondo ni presencia de Bohórquez, junto a una notable inexperiencia de una terna de debutantes en el coso sevillano. La novillada jerezana no tuvo absolutamente nada, ni presentación, ni fuerzas, ni bravura. Lo más grave es lo de la presentación, porque es un tema que tiene solución. Basta elegir novillos adecuados a la segunda plaza del mundo, pero si en su lugar se embarcan reses más chicas que las que salen en las novilladas sin picadores de Canal Sur, entonces todo el espectáculo se viene abajo. Salieron novillos de ínfima presencia, como el primero, el cuarto y el sobrero quinto. Quienes hicieron los lotes se lucieron. Lo mismo que la señora presidenta que aprobó este encierro.
Además de su mala presentación fue un lote de novillos carentes de la mínima casta precisa para embestir. Sólo se movió, y no muy bien, el primero y se dejó con nobleza el segundo. El resto fue un muestrario de mansedumbre sin fuerzas ni movilidad. Con este género, la terna podría estar justificada, pero su escaso oficio no le permitió superar los problemas.
El mejor novillo de la noche cayó en las manos de Nacho Torrejón, que también fue el que mostró un aprendizaje más afianzado. Blando de remos, con una costalada para aumentar sus escasas fuerzas, al menos se movió con mayor docilidad en la muleta de un chaval que se mostró reposado y templado. Así expresó su estilo en dos tantas con la izquierda rematadas con buenos pases de pecho. También toreó con la derecha en una tanda inicial y otra postrera, ya con el animal recortando el viaje. Unos naturales de frente antes de la estocada dieron paso a una petición de oreja generosa que llegó a sus manos.
Echaron a los corrales al titular quinto por inválido y salió uno impresentable que fue un manso de libro. Se picó en los tendidos de sol y llegó a la muleta buscando la puerta de salida. Torrejón lo persiguió por la plaza para robar pases sueltos. Era imposible ligar dos pases seguidos.
Abrió la novillada Manuel Olivero, que tuvo mala suerte para poder desarrollar lo que se intuye como un torero interesante. Su estilo con el capote tiene matices muy sevillanos, tanto por la forma de coger la capa, con las dos manos cerca de las esclavinas, como por la manera de rematar e interpretar las medias verónicas. El primero derrotó de forma violente en la primara fase de la faena. Fue complicado templar esas embestidas. Cuando el novillo mejoró llegaron algunos muletazos de buen corte con unos naturales de frente finales de mucho sabor. Se atascó con la espada, donde sufrió un percance sin consecuencias en la primera entrada.
El cuarto fue una especie moribunda que, por su falta de fuerzas, debió ser devuelto. Ahí tampoco estuvo acertada doña Macarena. Olivera se encontró con un animal anclado al albero con el que estuvo insistente en una labor larga sin causa justificada y con nueva cogida sin mayores problemas.
El madrileño Sergio Rollón es un torero moderno. En lo positivo, siempre estuvo dispuesto a entrar en quites, a veces saltilleras; otras, gaoneras o chicuelinas. Recibió al tercero con tres largas en el tercio y se lo pasó tres veces por la espalda al comienzo de la faena. La faena a este insulso animal demostró su falta de oficio al dejarse tropezar la muleta con demasiada frecuencia. Y como buen novillero moderno, después de una labor irrelevante, se puso a dar manoletinas. Diría el chaval que venía a Sevilla a hacer todo lo que sabe.
Con la noche cerrada, un calor agobiante, y casi dos horas y media sobre el duro asiento maestrante, salió en sexto lugar el único Bohórquez con una mínima presencia. Tampoco embistió de verdad, Rollón anduvo animoso sin poder resolver los problemas de un novillo de medio recorrido, nula casta y bravura inexistente.
Esta novillada que ha cerrado el ciclo de festejos con picadores ha puesto de manifiesto que en el futuro se debe cuidar mucho más el ganado que se lidia en la Maestranza. No todo vale. Lo primero es la presentación, porque eso de puede elegir de antemano. En este aspecto, la labor de los presidentes ha sido muy permisiva. Y, finalmente, a la hora de anunciar novilleros en Sevilla hay que hacerlo con fundamento. A Sevilla no se puede venir sin oficio por si suena la flauta.
Plaza de toros de Sevilla, 11 de junio de 2026. Novillada con picadores nocturna. Media plaza. Seis novillos de Fermín Bohórquez, el quinto lidiado como sobrero, mal presentados y de pésimo juego. Solo se dejó el segundo. El resto, muy flujos y descastados.
Manuel Olivero, de tabaco y oro. Dos pinchazos y estocada caída (saludos tras aviso). En el cuarto, estocada (silencio).
Nacho Torrejón, de nazareno y oro. Estocada (una oreja). En el quinto, pinchazo y estocada caída (saludos).
Sergio Rollón, de blanco y plata. Estocada trasera (silencio). En el sexto, pinchazo, estocada tendida y estocada trasera (silencio).
Saludaron el en el cuarto Ángel Luis Carmona y Miguel Ángel Ramírez. Los tres novilleros debutaron en Sevilla con picadores. El quinto se lidió como sobrero por uno devuelto por inválido.
Nacido en Sevilla en el barrio del Arenal, en la calle Pastor y Landero, frente a la Maestranza. Aficionado a los toros desde su infancia gracias al ejemplo paterno, un viejo amante de la fiesta que vio torear a Guerrita. Abonado de la Real Maestranza desde pequeño.