Gastón Ramírez.- De la corrida de José Luis Pereda/La Dehesilla, poco hay que apuntar en cuanto a bravura. No obstante, tres toros se dejaron meter mano por su nobleza –término que actualmente parece estar muy cerca del de mansedumbre colaboradora- .
Curro Díaz estuvo artista y entregado en el quinto. Para el recuerdo quedan tres cosas: (1) Un natural doble o dos en uno, de un temple y una elegancia singulares, más una faena de sabor gitano y mandón (cosa extraña).
(2) Un revolcón por querer lucir adelantando la suerte y que pudo haber tenido graves consecuencias.
(3) Y el hecho de que la música -que ya tocaba antes del accidente- vio como el diestro volvía a la cara sin verse la ropa a torear de verdad, y pescó el pasodoble al vuelo, en el mismo compás, antes del ¡Ay!, para seguir acompañando la faena. Esto es algo que sólo puede ocurrir en Sevilla. La primera oreja del serial augura cosas buenas.
Miguel Abellán estuvo en artista mandón y nos regaló una dosantina con cambio de manos que hizo tocar a la banda. Más que una vuelta al ruedo, hubiera conseguido una oreja de su primero si el toro hubiera doblado con esa entera trasera.
El tercer espada fue César Girón, y de él, mejor ni hablar. Se le fue inédito el buen tercero de la tarde y no se ve por dónde su carrera pueda alcanzar cotas mayores.

 

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