Emocionante tarde de toros en la 8º del abono sevillano.Toros de Victorino variados con tercero, noble; cuarto encastado, y quinto humillador. Pepín Liria de despidió de Sevilla en tono heroico. El Cid cuajó por nayurales al tercero y Ferrera anduvo digno con un toro injustamente premiado con la vuelta al ruedo por un palco desafortunado en sus decisiones.

Victorino Martín / Liria, Ferrera y El Cid.
Seis toros de Victorino Martín con trapío y encastados; mansos difíciles primero, segundo y sexto, el peor y más flojo; noble el tercero y bravos cuarto y quinto, al que se dio la vuelta al ruedo, protestada con razón.
Pepín Liria: silencio (cinco pinchazos y media) y una oreja con fuerte petición de la segunda y dos vueltas al ruedo (estoconazo eficaz). Antonio Ferrera: ovación (estocada corta) y vuelta al ruedo tras aviso (media tendida, descabello y estocada). El Cid: gran ovación que recoge desde el tercio (tres pinchazos, media tendida y descabello) y aplausos tras aviso (dos pinchazos y descabello).
Plaza de La Maestranza, sexto festejo, lleno hasta la bandera en tarde calurosa.

Carlos Crivell

En una jornada de tantas emociones, sería injusto hablar primero de la penosa tarde de la señora presidenta de la corrida. Será necesario recordarlo, pero ni una línea más sin honrar la casta de ese torero macho llamado Pepín Liria, que volvió a salir vencedor de una nueva batalla de las que ha librado en su heroica carrera torera. Pepín Liria se despidió de la Maestranza y dejó hasta su último aliento entre los pitones de un toro de Victorino. Fue un milagro que saliera por su pie de la plaza después de las dos cogidas que sufrió, la primera a portagayola y la segunda en la parte final de su faena. Tarde de torero de cuerpo entero, dispuesto a dejar su vida en busca de un nuevo triunfo en Sevilla. La faena fue emotiva, nunca exquisita ni de calidad, pero la plaza estaba sobrecogida por la emoción. Lo mató en el centro del ruedo y el de Victorino murió como bravo.

El público quiso premiarlo, de forma mayoritaria, con las dos orejas. No era faena de dos orejas, pero no hubiera pasada nada si se las conceden. La plaza se dividió con la decisión de conceder sólo un trofeo.
Por encima de las discusiones sobre el premio merecido, debe quedar en la memoria el gesto de torero de cuerpo entero con su terno roto, tez de torero curtido por los miedos, satisfecho por la labor cumplida y desecho por las magulladuras de un toro fiero.

Pero la tarde nos tenía reservado un suceso lamentable en el quinto. No se sabe si superada por las protestas recibidas en el cuarto al negar la segunda oreja a Liria, la presidenta sacó el pañuelo azul para premiar con la vuelta al ruedo a un toro que nunca debió recibir este honor. La Maestranza sufrió un duro varapalo desde el palco, porque un toro que aprieta a tablas, que no acude a los caballos, que cuesta más de diez minutos ponerle las banderillas y que acaba cerca de las tablas, nunca pude recibir tanto honor. La virtud de la humillación no es suficiente. Esa vuelta es sonrojante para Sevilla.

La corrida de Victorino despertó del letargo al ciclo sevillano. Dejando a un lado la vuelta ridícula a ese quinto, fue un lote variado, con cambios en su lidia, y con tres toros

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