Novillada de abono en Sevilla con un paupérrimo balance por parte de los tres debutantes. La novillada de Yerbabuena ofreció mejores posibilidades que las logradas por los aspirantes.

YERBABUENA/ Chaves, Oliver y Rosales
Plaza de toros de Sevilla. Domingo, 9 de mayo. Vigesimoprimer festejo del abono. Casi media entrada en tarde primaveral con rachas frescas de viento que molestaron la lidia.
Seis novillos de Yerbabuena, desiguales de presentación (demasiado terciados 2º, 3º y 5º), con genio en diverso grado los tres primeros, aprovechable el 4º hasta que lo pararon, rajadote el 5º, y bravo y con posibilidades el 6º.
Paco Chaves, de azul pavo y oro; casi entera perpendicular perdiendo la muleta y cinco descabellos barreneando en la mayoría (silencio tras aviso). Estocada caída saliendo prendido (silencio)
Patrick Oliver, de coral y oro; estocada trasera (silencio). Metisaca, casi media tendida y trasera y descabello (silencio tras aviso)
Antonio Rosales, de rosa y oro con cabos negros; pinchazo y estocada muy trasera y contraria (silencio). Casi entera desprendida (leves pitos tras aviso)

Álvaro Pastor Torres.-  Sevilla

Por los apellidos podía parecer que los tres novilleros eran de Castilleja de la Cuesta, y si me apuran, del bando chorreón-concepcionista más exactamente, que el corazón de esa localidad aljarafeña está tremendamente partido entre el celeste inmaculista de la Calle Real y el rojo santiaguista de la Plaza. Pero no, uno era de Badajoz, otro de Nimes –¡con lo lejos que está eso!- y el último de Leganés –que tiene muy mala rima para una sevillana de los Hermanos Reyes-, por lo que esta vez ni Carmen Tovar, la delegada provincial de gobernación, ni el equipo presidencial de Julián Salguero con el bueno de Jesús Martín Cartaya de asesor, tuvieron nada que ver en la búsqueda de una terna debutante, bisoña, apática e inhibida –como la mayoría de la novillería actual- que desaprovechó algunos utreros de Ortega Cano.
El pacense Paco Chaves gasta un toreo basto como su propia figura. Es un novillero de larguísimos prolegómenos –en el primero tuvo que escuchar un “que es para hoy” y en su segundo un significativo “venga coño, torea”- y cortísimas tandas de mantazos. También banderillea; lástima que en vez de tomar como modelo a El Vito o Luis González quiera plagiar a El Fandi o a Ferrera. Se mostró variado (quiebros, violines o un cite de rodillas tocando el albero con la nuca que no lo mejora ni un profesor de yoga) pero abusa del cuarteo.

Al galo Oliver le sirve el capote para lo mismo que a la mayoría de sus compañeros de escalafón: cubrir el expediente bailando mucho los pies. Su mala lidia al segundo –incluidos unos pases por alto que no venían a cuento- hizo que se acusara el genio del novillo que lo cazó a las primeras de cambio. Tras un largo espacio de recuperación, y una buena ración de linimento, volvió a la faena para dejar unos naturales embarullados. Casi inédito, insulso y abonado al monopase en el quinto.
Rosales atisbó una verónica sin mucha cercanía al castañito que hizo tercero y nos “deleitó” con un trasteo tosco y forzado con pases violentos y enganchados. El que cerró plaza se le cruzó con la capa y a punto estuvo de llevárselo por delante, lo que provocó su inhibición en la lidia. Desaprovechó el buen pitón izquierdo con naturales a media altura.

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