Tomás Angulo ganó la  final de las novilladas de promoción sin grandes méritos, porque la novillada de Espartaco fue difícil y los chavales hicieron lo que pudieron. Se ganó el traje de luces. Segundo fue el mexicano Brandon Campos, que recibirá un capote de paseo, y el tercero fue el granadino Fuentes, capote de brega.

Espartaco / Tomás Angulo, Brandon Campos y José Ángel Fuentes

Plaza de toros de Sevilla, 28 de julio de 2011. Final de las novilladas de promoción. Más de media plaza. Seis erales de Espartaco, bien presentados y de mal juego por exceso de genio y mal estilo.
Tomás Angulo, de la Escuela de Badajoz, de rioja y oro, silencio y vuelta tras aviso.
Brandon Campos, de la Escuela de El Juli, de blanco y plata, silencio tras aviso y vuelta al ruedo.
José Ángel Fuentes, de grana y oro, vuelta al ruedo y silencio tras dos avisos.

Carlos Crivell.- Sevilla

La final fue confusa y larga. Parte de culpa fue de los novillos de Espartaco, con exceso de genio y brusquedad, pero lo cierto es que los novilleros, en edad de aprender, mostraron las carencias propias de su estado. Se podría titular que los tres dieron una vuelta al ruedo. También habrá quien recuerde que hubo alguna petición de oreja, que el palco con muy buen criterio no atendió. Y no falta quien, como el que suscribe, se acuerda de que a la final no llegaron los mejores.

La novillada de Espartaco salió correosa. Casi todos desarrollaron genio, remataron por arriba con mal estilo, fueron mansos por su evidentes querencias. Aprendieron durante la lidia, de tal forma que se sucedieron las volteretas. Fue la mezcla del mal estilo de los erales y la natural inexperiencia de los aspirantes.

El extremeño Tomás Angulo se sobrepuso a las volteretas que recibió en el primero. El mal novillo de Espartaco se lo pasó en grande con Angulo. Lo cogió siempre que quiso. Pero Angulo tiene una espada tremenda, como puso de manifiesto en este que abrió plaza. El cuarto fue quizás el menos malo, pero hay que apuntar en el chaval que lo manejó bien por abajo hasta lograr meterlo al final en la muleta. Se vivió un tercio de quites vibrante con Brandon, que realizó el quite de la mariposa, y Angulo replicó con gaoneras y voltereta incluida. La faena fue una labor meritoria aunque muy larga, de forma que fue avisado antes de entrar a matar. No procedía la oreja pedida. El chaval ganó la final, y lo hizo en el quite al sexto, con unas chicuelinas limpias, airosas, de manos bajas, que le quedaron prefectas.

El mexicano Brandon Campos estuvo por encima del segundo. El novillo quería tablas y allí le planteó la pelea. Hubo desarmes aunque también firmeza y variedad. El joven está preparado para mayores empresas. Se pasó de faena y mató delantero con muerte lenta. Ahí perdió premio. Con el quinto, novillo violento, el mexicano anduvo empeñado en torear entre enganchones y desarmes. El conjunto no fue vistoso. La voltear en las manoletinas fue de chaval absolutamente inocente. El jurado lo dejó en segundo lugar de la final. Destacó su variedad con el capote y la muelta.

El granadino José Ángel Fuentes repitió los parámetros de su primera aparición. Es habilidoso, se quita y se pone como el que respira. El tercero lo revolcó de entrada y ya el chaval fue capaz de impedir que tal cosa volviera a repetirse. Se cansó de dar pases corrientes por la derecha, porque como buen torero moderno la izquierda no la utiliza.  El sexto también tenía problemas. Fuentes, listo, le dio mil pases fácilmente olvidables. Se pasó de faena, sonó un aviso antes de matar, el novillo se puso complicado y acertó al límite del tiempo con el descabello.

En resumen, que los novillos tuvieron mucha guasa, la terna hizo lo que pudo y el público casi se aburrió, de forma que pidió orejas por puro paisanaje, algo que el palco dejó en su sitio. No tenía sentido que en una final sin toreo del bueno hubiera trofeos. Es posible que los mejores del certamen estuvieran en el tendido. El jurado dictó sentencia. Para no complicarse dejó el orden de premios igual que el orden del festejo: Angulo, Brandon y Fuentes. Así acierta cualquiera.

Foto: Álvaro Pastor Torres

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