Alvaro del MoralÁlvaro R. del Moral.- Una sentencia fundamental. La decisión de la Corte Constitucional de Colombia ha demostrado que aún se puede confiar en la ley. El reciente fallo que obliga a la alcaldía bogotana a devolver la actividad a la histórica plaza Santamaría podría abrir algunas puertas al futuro aunque también ha servido para enseñar las vergüenzas de los gremios taurinos españoles, que permanecen impasibles mientras la geografía del toreo se reduce sin remedio en esta tierra que seguimos llamando piel de toro. Otra cosa es que el ínclito alcalde mayor Gustavo Petro, que hizo sus pinitos en una organización tan seráfica como el M-19, acate la decisión del alto tribunal colombiano. Los políticos, de acá y de allá, saben cortar a su medida los fallos judiciales y el regidor bogotano podría emplear todo tipo de subterfugios legales para entorpecer, retrasar o demorar indefinidamente la reanudación de la vida taurina de la plaza. Pero para esos asuntos  nos bastamos solos en la Madre Patria: el retraso del fallo del Constitucional español clama al cielo y al Olimpo. El Tribunal colombiano sí ha sido muy explícito: la alcaldía cuenta con un plazo de seis meses para poner en marcha los mecanismos necesarios que se reanude la actividad taurina en la Monumental Santamaría de Bogotá.

Algunos datos de interés. La sentencia, que sienta jurisprudencia para otras intentonas abolicionistas, también establece un precedente valioso. Protege la libertad de empresa y ampara algunos derechos  fundamentales que no siempre se reconocen a los oficios del toreo. Pero, sobre todo, reconoce a la Tauromaquia como cauce de expresión artística y reafirma los valores de la cultura taurina. Y no, no se nos ha olvidado esa huelga de hambre protagonizada por los novilleros colombianos a las puertas de la plaza que ha sido paralela al desenlace feliz de un proceso judicial que fue iniciado -ojo al dato- por la corporación taurina que regía el coso. Aquí, ya lo saben, se prefiere cobrar las indemnizaciones. Pero hay más datos: los chicos sólo recibieron el cariño directo del gran César Rincón, que se cogió un avión para estar con ellos. Hacerse fotitos y repetir pamplinas en las redes sociales está muy bien pero el gesto de este puñado de jóvenes toreros merecía afectos más concretos. Ya lo dijo Churchill, “nunca tantos debieron tanto a tan pocos”. Si la plaza recupera su actividad -que también está por ver- todo el mundo se pondrá muy estupendo. En caso contrario, toda la peña volverá a encogerse de hombros. Mientras tanto, la campaña ha seguido el cansino guión marcado para este año de tribulaciones. La cita más lujosa de la semana que se fue giró en torno a la Maestranza de Ronda. Morante mantuvo el tono -a cuentagotas- de los últimos prodigios; Perera jugó al toro con un lote que se le quedó chico y El Juli sudó tinta con dos zalduendos  brutos y respondones. Cortó dos orejas pero no lo pasó nada bien. Y vaya si se le notó.

Cosas que se hablan por ahí. Y ya que hablamos de El Juli, no hay más remedio que mencionar su encaje final en la feria de Zaragoza. En la famosa presentación invernal del Círculo de Bellas Artes que pretendía abrir un nuevo tiempo anunció el gesto de recetarse seis toros para él solito en el Pilar. Tenía que haber sido el candado triunfal a su particular temporada, que se ha convertido en un indisimulable calvario interior dentro y fuera de la plaza. Finalmente, su presencia en el ciclo maño se resolverá con una corrida en terna el día de la Virgen, echando por delante al inevitable Padilla y dejando por detrás a Perera, posiblemente el torero que más tardes ha alternado el madrileño en este año de inflexión que, dicen, puede tener consecuencias a corto plazo. Eso sí, el rol de llanero solitario lo asumirá el sevillano Daniel Luque, que está resolviendo una campaña de cierta reafirmación personal después de demasiados años indecisos que han birlado el eco a sus últimos esfuerzos. Un dato más, que también tiene su miga: hablamos de ese guateque bautizado como The Maestros que se ha organizado en la madrileña plaza de Vistalegre. Ya saben: Morante, el propio Juli y Talavante -que ya no andan precisamente a partir un piñón- van a maridar -tal y como manda la moda- música sinfónica, gastronomía y hasta toros en un curioso batiburrillo que se quedará en nada si las reses escogidas no embisten y los de luces no se arriman. El caso es que la fecha escogida, el 27 de septiembre, coincide con la devaluada feria de San Miguel de Sevilla, que ya se va acercando en el calendario haciendo aguas por todos lados. La vida, que tiene esas casualidades. Ya lo cantó Jorge Negrete: “Ay, Jalisco, no te rajes. Tú tienes tu novia que es Guadalajara…” Y nos vamos, asegurándoles que Finito no matará los seis toros de desagravio en la plaza de Los Califas. El día escogido -el 4 de octubre- coincidía con ¡una boda! contratada en el ruedo cordobés. Sólo una cosa más: la feria de Otoño de Madrid certifica la falta de talento y la ausencia de apuestas por el futuro de cierto sector del empresariado taurino. Usted y yo sabemos de sobra que nombres podrían haber tenido cabida en el abono venteño. Pan para hoy y hambre para mañana. Nos vemos.

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