José Luis López.- Además de tener el lujo de hablar de toros en Punto Radio, tengo la satisfacción de disfrutar produciendo el programa Toros en Sevilla, de Sevilla TV desde hace 9 años, un programa que con tanta maestría dirige mi compañero, amigo, maestro y en definitiva hermano, Víctor García Rayo. Esto me permite poder visitar el campo bravo español con frecuencia, con bastante frecuencia diría yo, aunque siempre menos de la deseada. Pues bien, el pasado jueves fue de los días en que estaba inquieto e impaciente por que llegaran las 11 de la noche, hora de emisión de nuestro programa.

Cada jueves lo espero con las mismas ilusiones con que se espera algo muy querido, algo que sientes que has parido, permítanme el símil, como si fuera un nuevo hijo. El del jueves pasado fue el 271 alumbramiento. Sí, estaba especialmente impaciente, y es que estaba deseando ver unas estupendas imágenes grabadas por nuestra compañera Laura en la finca El Acebuche, de Osborne, en El Castillo de las Guardas, en las que Daniel Luque mató tres toros, y uno de ellos, con la sensibilidad y afición que caracteriza a este torero, lo sacó toreando de la plaza para continuar bordando el toreo en medio del campo, sin las barreras de cemento de una placita de tientas, solo con los limites del horizonte, los tendidos de la incipiente hierba otoñal y el burladero de una frondosa encina, tras la que se tapaba Antonio Punta, nuevo banderillero del torero de Gerena. Fueron momentos fascinantes para los pocos amigos que tuvimos la suerte de estar compartiendo esta jornada campera y también para los aspirantes que el propio matador se encargó de avisar para que dieran algún muletazo a las vacas que se tentaron.

Daniel había toreado a los dos primeros con gusto y arte, al que más colaboró, y con garra y poderío al que tuvo más dificultades. El tercero fue el toro de los grandes momentos del día, después de haberlo picado El Quinta con su maestría habitual, Daniel se sintió torero, pero no torero a secas, se sintió torero grande y con esa grandeza, sacó al toro fuera de la plaza, para sentir mas de cerca esa naturaleza que tanto ama, para darle al animal las ventajas del campo abierto, para ofrecerle la oportunidad de pelear, libre de muros de cemento, en la libertad de la dehesa.

Después de la faena, Dani nos hablo con las palabras sensatas de un joven, que todo lo ha sacrificado en aras de una afición y de unos valores, en los que predomina la generosidad con los suyos y el agradecimiento a los que le han ayudado en su corta vida.

Daniel Luque quiere ser el nº 1, esta muy cerca de la cima que tanto soñó, trabajo le ha costado, pero más le va a costar mantenerse arriba, puesto que algunos no se lo van a poner fácil.

¡Que Dios reparta suerte, torero!

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