El Juli. Foto: Eduardo Porcuna

Juan Manuel Pérez Alarcón.– Y llegaron por fin las figuras a la ciudad de Almería. Y lo expreso con esa rotundidad en mi afirmación porque la plaza de Almería, con público, con ilusión optimismo parece otra cosa. Tres cuartos de plaza cubierta supone esperanza, que la fiesta interese y sobre todo la posibilidad de apreciar que con un cartel de figuras el gran público responde. Y eso es así porque tenemos que reconocer que había un reclamo en una cartel muy rematado, con la asistencia de Roca Rey, que aporta juventud y frescura a la fiesta. Lastima que el ganado y la espada no ayudase a la terna.

Se ha lidiado un encierro de Zalduendo, desigual de presentación, en hechuras y en pesaje, con varios toros feos y fuera de tipo. Le faltó raza a toda la corrida y mucha clase, que no tuvo, excepto el sexto, que en el último tercio de la lidia, tuvo una digna condición y donde el peruano Roca Rey lo entendió a la perfección.
Enrique Ponce sigue siendo “torero local” en Almería, toda la plaza entregada con el, con su tauromaquia y con su forma se sentir el toreo. Dibujo buenas verónicas al primero de la tarde ante un animal que le faltaron las fuerzas suficientes. Suerte de varas de trámite – como toda la tarde –  y faena efectista, y técnica, varias series meritorias.  Gustaron sus naturales que tuvieron cierto empaque. Tras una estocada algo caída se le pidió con fuerzas las dos orejas, pero el palco, estimo que con acierto, solamente otorgó un apéndice.
Con el cuarto y tras la merienda oportuna, Ponce lidió un toro engatillado de cuerna y que desarrolló cierto peligro. Faena enrazada del torero de Chiva que tuvo mucho mérito por las condiciones del animal. Faena compacta, bien argumentada, y sometiendo en series muy cortas a un Zalduendo que se resistía a colaborar. Se acercó a terrenos de sol, y allí el valenciano sometió con series al natural a un toro que terminó entregado a la muleta. Sudó el torero, algunas veces sin las apreturas deseadas, pero su técnica fue exquisita. La espada le privó salir por la  puerta grande. Tras dos pinchazos y varios descabellos, fue ovacionado por su público almeriense.
Julián Lopez “El Juli” aportó a su primero una faena de gran inventiva por parte del torero madrileño. Toro feo de hechuras que tomó dos varas y que llegó a la muleta muy justo.  Lidia muy inteligente y a favor del toro que le permitió cortar una oreja tras una buena estocada, con ese “saltito” tan peculiar a la hora de ejecutar la suerte suprema.
Con su segundo, se enfrentó a un toro desrazado y sin clase y mucho genio, que tuvo cierto peligro, y donde el madrileño tuvo que trabajar para sacarle partido. Faena sería por ambos pitones, con series poderosas y firmes, donde hubo momentos de acople con la mano derecha. Tras un certero pero desprendido “julipie”, se le otorgó una oreja que la Presidencia concedió.
Con su primero, el peruano Roca Rey estuvo desde que salió intentando meterlo en los engaños. Toro que nunca despegó, le falto clase y motor, pero la inmensa voluntad del torero, tanto con el capote como la muleta, provocó cierto entusiasmo en el público almeriense. Un quite a pies juntos por chicuelinas muy ajustadas dejó constancia de su valor y disposición. Después faena entregada, con algunos enganchones, pero siempre con esa facilidad para estar delante de la cara del toro. Fallo a espadas y todo quedó en una ovación.
Con el sexto, Roca Rey volvió a demostrar su autenticidad y valor, con un animal que se despertó en el último tercio, demostró cierta clase, y le dejó al peruano dejar los mejores muletazos de la tarde. Faena muy inteligente, donde lo mejor fueron tres series con la mano izquierda de mano baja, con las zapatillas asentadas y de trazo largo,que tuvieron mucha importancia. Luego los destellos de valor, los adornos y esa inteligencia natural para someter a una animal que terminó por embestir a los engaños del torero. Gran faena que no tuvo su remate con la espada. Tras tres pinchazos, se le pidió con fuerza una oreja, que la presidencia otorgó.