Luis Carlos Peris.- Hasta el arrastre del último toro de Miura tenemos cita en el primer templo de la tauromaquia. Una cita a la que se va como a favor de querencia, con el espíritu alegre y mucha agilidad en el alma. Ciclo taurino que arranca esta tarde con una divisa de tronío y que, inexplicablemente, no está en las preferencias de la cúpula del escalafón de coletudos. Hoy llega a la Maestranza la corrida de Álvaro Domecq y eso es motivo más que suficiente como para acudir a la plaza con el ánimo alto. Vivo en el recuerdo el juego de estos toros el curso anterior y fresca en la retina la primorosa faena que debió catapultar a Pablo Aguado tras el brindis a Curro, este primer acto del ciclo continuado reúne muchas de las condiciones que necesita una tarde de toros para acudir a vivirla. Que Dios reparta suerte y que la Fiesta se vea robustecida con una buena dosis de triunfos.

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