Madrid-Las VentasLuis Carlos Peris.– Acostumbrado a ver toros en Sevilla, la primera vez que fui a otra plaza reinaba el Cordobés auténtico y hacía el paseíllo con Pedrés y Camino en la plaza de Alicante. Fue una catarsis mental y sentimental, pues aquello no tenía nada que ver con lo que había visto hasta entonces. La plaza emborronada de anuncios y un tío en los medios haciendo girar un enorme Pictolín mientras el servicio de megafonía era idéntico en su estridencia al de los campos de fútbol. Al poco fui a Las Ventas y vi que el personal iba con la guardia alta, como dispuesto a que no le robasen la cartera los toreros. Seguía quedándome con el rito de Sevilla y ahí sigo, comulgando con esa forma respetuosa y entendida de ver los toros. Y seguiré por mucho que una tarde y otra me machaquen los oídos esa pareja de comentaristas a los que se les llena la boca con Madrid y sus excelencias.

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