A pesar de su juventud, Diego Ventura va fulminando records e hitos del arte del rejoneo. Hoy ha vuelto a hacer historia en Madrid al abrir de nuevo la Puerta Grande. Y van once veces, que se dice pronto. Madrid ha visto hoy a un Ventura distinto: maduro pero fresco, entregado pero templado y vibrante pero puro. En este equilibrio entre emoción y pureza ha cimentado un triunfo que le consolida en la cima del rejoneo por derecho propio y sin nadie que se acerque siquiera a su contundencia.

Esto lo ha demostrado Ventura donde hay que demostrarlo: primero en Sevilla y ahora en Madrid. Sus triunfos incontestables en esta plaza le colocan en lo más alto. Hoy han sido tres orejas que pudieron ser hasta cuatro si el presidente hubiera seguido los deseos del público de premiar al rejoneador de La Puebla con las dos orejas de su primer toro.

A este astado de Carmen Lorenzo le hizo una gran faena. Comenzó templando a su oponente de salida con Maletilla, clavando un solo rejón que dejó algo crudo al toro. Ventura apostó porque iba a sacar a su arma más segura: Califa. Este portentoso caballo estuvo cumbre una vez más, trazando una circunferencia casi completa en sus galopes de costado en el inmenso anillo de Las Ventas. Ahí la plaza ya se puso boca abajo. Con él clavó dos banderillas, pero una de las batidas fue soberbia.

Para seguir subiendo el tono de la faena se apoyó en Milagro, la yegua que da unos quiebros inverosímiles. Así fueron los dos que hizo para clavar en todo lo alto y poner de nuevo la plaza a revientacalderas. Para concluir su labor, Ventura sacó a Remate, clavando tres rosas al violín antes de matar con Colorao de rejonazo. Hubo petición de oreja, dejando el premio el presidente en una sola puede que por la colocación un tanto trasera del rejón de muerte.

En el quinto salió a superarse y a no dejar que bajo ningún concepto se le fuera la Puerta Grande. Y a fe que lo consiguió: cortó dos orejas a ley después de cuajar otra grandiosa actuación. Comenzó con Buena Vibra para parar al toro y en banderillas sacó en primer lugar a Pegaso, clavando un primer par muy bueno andando hacia atrás esperando y dejándose llegar mucho al toro. Puso otro más de nivel y a continuación cambió de cabalgadura. Le tocó el turno a Ordóñez, con el que clavó con mucha pureza, adorándose después con ceñidas piruetas en la cara del toro que llegaron mucho al tendido.

Pero todavía faltaba un momento emotivo, y es que Ventura sacó a Morante, el caballo que ha estado casi dos años en el dique seco y que ayer se reencontró con Madrid. Con él puso una banderilla y se adornó con sus habituales bocados al toro. De nuevo sacó a Colorao para cerrar con rosas y matar de rejonazo fulminante. Cayeron las dos orejas y con ellas la gloria de triunfar en Madrid. Ventura ya tiene su décimo primera Puerta Grande. Ningún rejoneador se le acerca.

Información y foto: Toromedia

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