En la corrida celebrada este domingo en Tarifa ha tenido lugar una situación insólita con el indulto de un toro al que se ha tardado una hora y media para poder retirarlo de la plaza. Este desagradable espectáculo, contemplado por la retransmisión televisiva, tiene muchas lecturas. Sobre todo, sería fundamental que se obtuvieran conclusiones de cara al futuro.
En primer lugar, se debe considerar la idoneidad del indulto del toro Triunfador, de la ganadería de Lagunajanda, un buen toro aunque no completo para merecer el perdón. El indulto debe ser un premio a un toro excepcional en todos los tercios de la lidia. En estos días se indulta a los toros que embisten con nobleza en la muleta. De esta forma llegado este tiempo del verano proliferan, como ocurrió ayer con tres indultos en la misma fecha. Casi siempre son provocados por los toreros y cuentan con la falta de criterio de los presidentes.
De aquellos polvos estos lodos. El Reglamento Taurino de Andalucía permitió el indulto en las plazas de tercera y así estamos ahora. Hay quien se pregunta que por qué no se pueden indultar toros en plazas de tercera. Porque el toro de plaza de tercera no reúne las condiciones de presentación adecuadas para convertirse en sementales. Pero nos encontramos con que dentro del mismo sector taurino hay quienes alientan estas situaciones. El indulto tiene una resonancia publicitaria, de forma que todos los ganaderos se muestran partidarios de los mismos cuando se requiere su opinión. Por eso casos como el de Victorino, que rechazó un indulto en su día, son excepcionales.
El indulto llega porque los presidentes lo consienten. Resulta que los presidentes de plaza de tercera siguen siendo los mismos de siempre, cuando es algo que ese mismo Reglamento debería haber modificado. Se deja en manos de los alcaldes el nombramiento de unos señores de cuya categoría de aficionados no hay dudas, pero que no están revestidos de la autoridad que otorga la independencia en el ámbito local en el que deben ejercer su función en la corrida. Esa situación es básica para que, ante las peticiones, bien de trofeos o del indulto, no tengan un firme criterio contra las peticiones enfervorizadas de la masa.
En el indulto se produce el efecto contagio de lo que unos públicos presencian en otras plazas. Si indultan en aquella, ¿por qué no en la nuestra? El indulto es una rutina que provocan los toreros, contamina a los tendidos y cuenta con la permisividad de los presidentes. Así se camina a la lidia del toro sin muerte, cuando la mayor gloria del toro bravo es morir en el ruedo.
Si el indulto debería ser algo excepcional, cuando se ha convertido en una costumbre pierde su grandeza. El toro Triunfador fue bravo, pero no completo, entre otras cosas porque el tercio de varas en las plazas de tercera es invalorable. No me sirve que los ganaderos hayan manifestado que si no se hubiera lidiado se lo hubieran llevado al campo para padrear. Ese toro fue a Málaga y lo llevaron a Tarifa. Por tanto, la posibilidad de que fuera lidiado existía, como finalmente ocurrió. Si tenían tanta confianza en el toro, lo que tenían que haber hecho era tentarlo en campo; o dejarlo para semental sin mandarlo a las plazas.
El indulto ocurrió en Tarifa, donde llovía sobre mojado. El año pasado se indultó otro toro de Lagunajanda y también fue muy complicado retirarlo de la plaza. La plaza de Tarifa, por su construcción y las instalaciones que posee, no tiene las condiciones mínimas que deben exigirse para estos casos. No tienen ni cabestros. En esta misma corrida se devolvió un toro, que tampoco quería volver al camión, de forma que fue preciso estoquearlo en la plaza. Con esos antecedentes se llegó al indulto de Triunfador, a todas luces un premio inmerecido, que se plantó en la puerta de chiqueros y no entró hasta pasada hora y media, después de que el personal y las cuadrillas lo intentaran, con buena voluntad, de todas las maneras posibles. Y buena parte de ese tiempo, con las cámaras de la televisión ofreciendo un espectáculo tan desagradable como sorprendente. Se cortó la transmisión, se ofreció un informativo y, por fortuna, se volvió a la plaza para presenciar la actuación de Daniel Crespo en el sexto.
Todo fue un descalabro innecesario. Tarifa no tiene una plaza que permita la devolución de los toros, ni los inútiles ni los indultados. Pero es muy bonito lo del indulto, había predisposición para ello y así llegamos a uno de los momentos más esperpénticos del toreo en los últimos años.
De la corrida, es necesario proclamar el excelente encierro de Lagunajanda, con cuatro toros de bandera. Muy entonado Manuel Escribano con el lote menos agradable; espectacular y populista David Galán, que provocó el indulto para volver a repetir su triunfo de hace un año, y con calidad Daniel Crespo, que toreó con mucha calidad, al menos al tercero. Confieso que no presencié la lidia del sexto. Estaba convencido que ese toro no volvía al camión. Porque esa fue la otra consecuencia de todo este desastre: mucha gente no vio a Crespo en el sexto, como me consta por los comentarios que me han llegado.
Si lo sucedido ayer es motivo para una reflexión profunda sobre el indulto, las instalaciones de la plaza de Tarifa, las opiniones desacertadas de algunos expertos y sobre la televisión, que estuvo cerca de media hora ofreciendo el número a todo el mundo, lo de Tarifa habrá merecido la pena. Pero ya les adelanto que no servirá para nada. La junta no cambiará la normativa en plazas de tercera, los presidentes seguirán siendo los amigos de los munícipes, habrá nuevos indultos sin motivo y el año que viene, en la misma plaza, se indultará otro toro de Lagunajanda, probablemente por David Galván y televisado.




Nacido en Sevilla en el barrio del Arenal, en la calle Pastor y Landero, frente a la Maestranza. Aficionado a los toros desde su infancia gracias al ejemplo paterno, un viejo amante de la fiesta que vio torear a Guerrita. Abonado de la Real Maestranza desde pequeño.