El libro El Toro y su entoro, de José Luis López aborda el tema de las Faenas Camperas y comieza hoy con las cubriciones. 

XIV.- FAENAS CAMPERAS

A pesar del ambiente bucólico que se respira en cualquier dehesa de toros bravos, de la sensación de tranquilidad que transmite el campo, y de la falta de prisas que denota el movimiento cansino de las reses que pastan y rumian en cualquier cerrado de la finca, no todo es calma en el campo bravo, pues la actividad no cesa en ninguna época del año y son muchas y variopintas las faenas camperas que hay que realizar encaminadas, tanto a los animales como a la propia finca.

Vamos a tratar de conocerlas cronológicamente, desde el momento en que se gesta la vida de ese maravillo animal que es el toro bravo, hasta que se cierra el ciclo, con la designación de nuevos sementales, que refresquen la sangre de casta y bravura, dando continuidad a los diferentes encastes y casas ganaderas.

(A) LAS CUBRICIONES

Cuando rompe por fin la primavera, y las dehesas han adquirido la plenitud de sus múltiples tonalidades verdes. Cuando grandes mantos ensabanados de margaritas, salpicados por rojos lunares de amapolas, se extienden bajo las patas de los toros y vacas de la cabaña brava peninsular y cuando la sinfonía de olores y cantos de las mil criaturas que pueblan y conviven con los bovinos españoles, comienzan a lanzar al viento sus sonidos, anunciando a los cuatro vientos, la llegada de la estación más atractiva del año, se inicia en el campo bravo de la península Ibérica, un nuevo ciclo de vida.

Entonces, por encima de estos sonidos, se escucha el reburdear poderoso del toro bravo, señal inequívoca de desafió, a los machos que estén dispuestos a disputar el liderazgo de la manada.

Las vacas, pueden quedarse preñadas en cualquier época del año, pues sus ciclos de celo llegan cada 28 días, pero es durante la primavera, cuando están más receptivas para el apareamiento. Durante los días que les duran estos ciclos de celo se las denomina, “toriondas” o “picadas”, y también ellas, como los machos, están intranquilas, montan a sus compañeras, presentan una vulva tumefacta que segrega un líquido viscoso y mugen para atraer la atención del toro, por el que se deja montar fácilmente.

Para las cubriciones se eligen los sementales que reúnan, a juicio del ganadero, las condiciones externas, (trapìo, conformación o talla) e internas (temperamento, bravura y condiciones psicológicas) más apropiadas, para fijar los elementos de nobleza y bravura, así como los morfológicos. Estos elementos, al igual que los de las vacas destinadas a ser reproductoras, serán tenidos en cuenta, por parte del ganadero, de la misma forma que todos los que pudieran tener influencia en la herencia.

Los datos necesarios para realizar esta selección, se conocen a través de los antecedentes de cada animal, así como del resultado de las pruebas realizadas en los diferentes tentaderos. Para estos menesteres, existe en todas las ganaderías un libro, donde se realiza el establecimiento de registros genealógicos, en los que se hace constar, por cada res, la fecha de su nacimiento, el nombre de los padres, su propio nombre, la pinta, el numero, datos del herradero y tienta, descendencia si fuese reproductora y el juego dado en la plaza, si se lidiase.

Para efectuar estas cubriciones, se aparta a un semental en un cerrado que posea buenos pastos, junto a un grupo o lote de vacas, previamente seleccionadas por el conocedor, que pueden oscilar, entre 30 y 40 cabezas, dependiendo del número de sementales que tenga la ganadería o del proyecto del ganadero.

Hay quienes piensan que la mejor época para las cubriciones es durante los meses de Abril, Mayo y Junio, para que las parideras, al ser la gestación de la vaca de nueve meses, lleguen en los meses de Enero, Febrero y Marzo. Pero los ganaderos dependiendo de las zonas y sus propios conocimientos, planifican las cubriciones, para que el nacimiento de los becerros se produzca en los meses del año, en que las condiciones climatológicas no sean las más adversas y exista abundancia de recursos naturales, para asegurar la buena producción de leche de la madre y la viabilidad del recién nacido.

Por regla general de estas parideras, salen machos y hembras al 50%, aunque hay años que se inclina el número, hacia un lado u otro, entonces se dice que “machean” o “hembrean”.

En una ganadería, debidamente vigilada en sanidad y alimentación, el numero de vacas que quedan “llenas” o preñadas es del 80%, quedando “horras” o “vacías” el 20% restante.

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