Siete orejas para rematar la Feria de Jaén con una corrida de Juan Pedro baja de todo. La gran mayoría se divirtió mucho; una minoría se indignó ante tanta vulgaridad. Los tres espadas se fueron  a hombros.

Juan Pedro Domecq / Enrique Ponce, El Fandi y Cayetano

Plaza de toros de Jaén, 4ª de Feria. Dos tercios de plaza. Seis toros de Juan Pedro Domecq, terciados, flojos, descastados y nobles. Saludó en banderillas Joselito Rus. La terna salió a hombros.
Enrique Ponce, de grana y oro, estocada trasera (una oreja). En el cuarto, estocada trasera (dos orejas).
El Fandi, de grana y oro, estocada trasera y caída (una oreja). En el quinto, pinchazo y estocada baja y tendida y descabello (una oreja).
Cayetano, de aguamarina y oro, estocada baja (una oreja). En el sexto, estocada trasera y baja (una oreja).

Carlos Crivell.- Jaén

Una gran parte de la plaza se divirtió mucho en esta corrida que pone el punto final de manera oficial a la temporada española. Un grupo minoritario se mostró indignado por el contenido del festejo. Como estamos en tiempos democráticos, la mayoría gana. Pero mucho cuidado, porque los indignados taurinos en la plaza de Jaén eran los entendidos. No es cuestión de cargar sobre los que acuden de forma ocasional a una plaza, porque ellos son muy necesarios en estos tiempos, pero si devaluamos el espectáculo, poco a poco perderá categoría esta fiesta que tiene unos fundamentos eternos.

Se indignó el buen aficionado por un lote de toros de Juan Pedro en los límites mínimos de todo: poco trapío, nada de casta y pocas fuerzas, pero de una gran nobleza. Es el toro ínfimo que se deja torear sin que aquello tenga verdadera importancia. Es el toro que divierte a la masa.

Se divirtieron los admiradores de Ponce, en esta plaza muy numerosos. Se le quiere y se le admira y no se le juzga con la vara de medir normal. Le concedieron una oreja en el que abrió plaza por una faena correcta de dos tandas a media altura y luego intentos de naturales sin poder ligar. Para animar a la concurrencia acabó con muletazos mirando al tendido.

Y más se divirtieron en el cuarto. En este toro, Ponce le gustó a la mayoría. Puso gran ardor para lograr una faena más vibrante y ligada con algunas fases de gran dominio técnico, aunque ahora cuando hablamos de técnica lo que ocurre es que el matador se pasa al toro a dos metros de su anatomía. Pero acertó en la composición de su labor y acabó con los pases por bajo rodilla en tierra que se han dado en llamar poncinas. Le dieron dos orejas como muestra del cariño popular.

Hubo indignación entre los buenos aficionados cuando El Fandi toreó de forma mecánica y ligera al segundo. Todo fue corriente, desde las banderillas, a toro muy pasado, hasta los muletazos agarrado al costillar y los palmetazos al trasero del toro para que repitiera sus arrancadas. Pero todos no estaban indignados. Un grupo amplio reaccionó como si estuviera ante el no va más en materia taurina, de forma que llegaron a pedirle dos orejas al matar de forma defectuosa. Esta vez el palco estuvo en su sitio.

El quinto era un inválido que la mayoría protestó de forma airada. Se quedó en la plaza y El Fandi colocó sus habituales pares, para luego hacer una faena típica de la casa. El animalito era tan flojo como noble. Los naturales del granadino a media altura se recibieron en silencio, para luego clamar tras los remates. El Fandi, a lo suyo. Pases y más pases de calidad baja. Entre tantos pases, los molinetes, los circulares y el final con rodillazos y desplantes más celebrados que todos su muletazos vulgares. No importó el pinchazo ni el espadazo en los bajos ni el descabello, la gente quería diversión, es decir orejas. Y El Fandi tuvo su orejita. Muchos en la plaza estaban locos de satisfacción, mientras un grupito estaba indignado.

La masa divertida llamó ¡guapo, guapo! a Cayetano. No es cuestión de entrar en disquisiciones estéticas. El torero realizó una faena que a los entendidos les agradó por la compostura del matador, pleno de majestad, aunque les gustó menos que se pasara el toro a una distancia abismal. Pero fue un Cayetano más entonado que otras veces.

El postrero de la corrida, y de la temporada en plazas de segunda, dejó a Cayetano enjaretar algunos lances de buen corte. Este toro fue bueno, de forma que Cayetano compuso una faena de mayor entidad, en realidad su toreo fue el de mayor calidad de la corrida. Ahora se lo pasó más cerca, siguió con ese empaque que atesora, aunque a su labor le faltó continuidad. Cuando se llevó al toro a la solanera, el disloque fue total. Algunos naturales fueron excelsos. La imagen de Cayetano sale reforzada de esta corrida. Al final, casi todos contentos y algunos mosqueados, pero deben llevar razón los satisfechos.

Foto: Arjona (www.aplausos.es)

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