El Parralejo lidió en Málaga una buenísima corrida de toros, no tanto por una justa presentación, como por la nobleza y bravura, motivo por el que la corrida fue muy divertida para el público en general. Otra cosa es que los toreros anduvieran siempre a la altura de tanta calidad ganadera. El asunto de las orejas en Málaga está perdido. Aquí se piden orejas siempre que se mata a la primera, sin tener en cuanta la calidad de la faena. El público pide y los dos presidentes obedecen sin rechistar.

La nota común del lote de toros ha sido la humillación y la fijeza. Todos los toros cumplieron en caballo, aunque es cierto que no a todos se les picó de la misma manera. Así, tercero y cuarto no sufrieron ningún castigo por orden expresa de sus lidiadores. En la muleta embistieron con clase los cinco primeros, con nota especial para el cuarto y el quinto.

Se le había etiquetado como la corrida de la juventud, más bien porque era un homenaje a la gente joven que se beneficiaron de notables descuentos en las entradas. El cartel era una mezcolanza de tres estilos. Cada uno puso sobre el tapete sus virtudes toreras, pero el premio gordo de los llevó el joven Marco Pérez, porque fue el más listo de la clase.

El joven salmantino recibió al tercero con una larga cambiada y lances sin relieve. Listo como el hambre, se lo brindó a El Fandi, que tiene en esta plaza una buena legión de seguidores. Se lo pasó por la espalda y lo vació con uno bueno de pecho. En las dos primeras tandas le tropezó la muleta y ya en la siguiente con la izquierda el toro se vino abajo. Marco aguantó, tiró del animal y se metió entre los pitones. Los naturales surgieron de uno en uno, luego más derechazos a toro muy aplomado, para acabar tirando la muleta con el beneplácito popular. Con este ambiente le recetó una estocada de efectos inmediatos y en una plaza de primera le concedieron las dos orejas.

Con el sexto no pudo refrendar su tarde. El toro planteó problemas, echó la cara arriba y Marco, con el premio gordo en sus manos, le buscó las vueltas con suficiencia, pero sin brillo.

El Fandi cortó una oreja a cada uno de sus dos buenos toros. Al primero lo recibió con una larga en tercio; al cuarto, a portagayola. Su solvencia y veteranía quedó de manifiesto en la forma de parar con los vuelos a ese cuarto. Colocó siete pares de banderillas, casi todos a toro pasado, pero eso no le importó a nadie. Lo que se valoró fue su alegría, fuerza física y derroche de ganas de agradar. Dicho esto, hizo dos faenas con muchos muletazos, algunos de rodillas, a dos toros de una bondad excelsa. Al primero lo pinchó antes de la estocada. Al cuarto lo mató en los bajos. Todo eso le valió para pasear dos orejas, posiblemente porque es un torero que cae muy bien y ofrece lo mejor de su estilo cada tarde.

En la crónica de un festejo en que se han cortado cuatro orejas y un joven ha salido por la Puerta Grande, no es fácil explicar que el toreo bueno lo ha hecho el que no ha tocado pelo: Borja Jiménez. Y como muchos estarán ya adivinando ha sido porque se confirma que este torero no sabe matar los toros.

Al buen segundo le hizo una faena que inició con unos doblones muy toreros, para seguir con derechazos con un leve toque fijador de mano muy baja. Tanto bajó la mano que en la segunda tanda sufrió un desarme. Más derechazos y dos tandas enormes con la izquierda muy ligadas, rematadas con pases de pecho solemnes. Los naturales casi en circular de final fueron prodigiosos. Tenía premio en sus manos, pero llegó su momento fatal con la espada. Un pinchazo, una estocada que hizo guardia y diez descabellos. Un desastre y una faena tirada por la borda.

Mejor aún estuvo en el quinto, toro de clase, al que toreó de manera templada por los dos pitones después de pasárselo por la espalda tres veces. Toda la faena, en el centro. Todos los pases, por abajo, perfectos de ligazón y buen gusto. Lo mejor, nuevamente, el toreo al natural, tan templado y tan bien rematado por debajo de la pala del pitón. Y de nuevo un pinchazo hondo y un descabello. Dio una vuelta al ruedo, premio mínimo para el que de verdad había puesto el toreo de clase en la feliz tarde malagueña.

Plaza de toros de La Malagueta, 18 de agosto de 2026. Quinta de Feria. Más de tres cuartos de plaza. Seis toros de El Parralejo, desiguales de presentación y de buen juego por bravos y nobles, excepto el más complicado sexto. 

El Fandi (nazareno y oro): una oreja y una oreja.

Borja Jiménez (grana y oro): silencio tras aviso y vuelta al ruedo.

Marco Pérez (blanco y oro): dos orejas y saludos. Salió a hombros por la Puerta Grande.  

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