Roca_RibagordaLuis Carlos Peris.- Salí gustándome, como reconciliado con unas creencias que flaquean periódicamente. La noche acompañaba, como suele ser en esta fase final del invierno en que ya se columbra lo que está por venir. Acababa de asistir al más documentado y firme alegato en favor del toreo que podía imaginar. Vino de la mano de un torero casi niño y de un periodista que anda a machetazos en su hábitat defendiendo nuestra fiesta más nacional y preferida. Daba gusto ver cómo ese héroe reconocido que atiende por Andrés Roca Rey alternaba la humildad con la elocuencia en su eficaz proselitismo entre los de su edad y era reconfortante comprobar cómo Pepe Ribagorda hacía un canto al toreo tan valiente en ese avispero antitaurino que es una redacción cualquiera. Además, la noche le añadía complicidad para el reconocimiento de un mano a mano tan inolvidable como incontestable.

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