Paco Ureña. Foto: Aplausos.es

Gastón Ramírez Cuevas.- Van ya dos domingos seguidos en los que el sorteo ha marcado el rumbo del festejo. Por decirlo de otra manera, los toros más potables -que han sido la minoría absoluta- han caído en las manos menos indicadas o menos apropiadas.

En esta sexta corrida, la tercera de la temporada en que nos hemos tenido que soplar ocho toros, el común denominador fue la debilidad y la sosería de los bureles y la entrega de los coletas, pues cada torero hizo todo lo que su ciencia y corazón le permitieron.

“El Galo” confirmó su flamante alternativa frente a un pupilo del empresario. El ungulado, pese a su enorme debilidad, embistió con calidad en los primeros compases del último tercio. Andrés estuvo voluntarioso. Quitó por chicuelinas, puso los palos y dejó un rehilete de cada par; le dio un pase cambiado por la espalda, algunos derechazos encomiables y un pase del desdén para enmarcar. Desgraciadamente, el hermano menor de Michelito no aprovechó en su justa medida esas famosas quince embestidas iniciales y además falló con los aceros.

Horas después, “El Galo” se las vio con el octavo de Xajay, un bicho chico, feo, con poca casta y nulo trapío. No obstante, al igual que el primero de la interminable tarde, el animalillo se fue un poco arriba y embistió con empeño a la muleta del joven nacido en Tabasco.

Destacaremos que el hijo del matador Michel Lagravère fue ovacionado en banderillas y luego estuvo empeñoso con la muleta. Quizá podría haberse ajustado más para que las tandas resultaran realmente relevantes. Me quedo con los muletazos finales rodilla en tierra, mismos que tuvieron mucha torería. “El Galo” se fue tras la espada con fe y oficio. Al doblar el toro la gente pidió la oreja, pero el juez no quiso concederla y todo quedó en una vuelta al anillo.

Sebastián Castella se las vio en primer lugar con un cornúpeta anovillado y débil. El torito fue muy bien picado, cosa rara en la actualidad. Luego el francés quitó por tafalleras y media que fueron muy aplaudidas.

Como hoy día algunos toreros ignoran la etiqueta taurina, cuando “El Galo” le devolvió los trastos de matar, Castella no tuvo la bondad de desmonterarse. Debe pensar que esa es una costumbre conservadora, antiecuménica y contaminante. Aunque también puede haber sido una precaución para que no se le alborotara más su luenga y esponjada cabellera.

El toro no decía nada, pero Castella lo ayudaba a pasar completo. Hubo derechazos ceñidos, largos y templados, molinetes y una dosantina. No obstante y como ya es costumbre en el diestro de Béziers, la faena fue intermitente y al final se desinfló como el proverbial globo caduco. Por razones que suponemos pero que no aprobamos, al toro le dieron un risible arrastre lento.

En su segundo, el único de Xajay que tuvo un atisbo de bravura y algo de fuerza, Castella se vio desbordado. Después de una sinfonía de trallazos, jalones y empellones con la muleta fue evidente que el toro había ganado la partida.

Resultó sorprendente ver que Castella quería torear en tablas pero el toro sacó a los medios al torero. Un ejemplar así merecía una muerte digna, no el julipié artero con el que Castella coronó su actuación. Es bien sabido que la afición capitalina es muy francófila y le festeja a Sebastián cualquier cosa, pero toda paciencia tiene un límite. Tan es así que desde Sol un humorista le gritó: “Comme ci, comme ça!”. Frase que en cristiano quiere decir: “¡Regular, regular!”.

Paco Ureña estuvo en torero toda la tarde, pero le tocó el peor lote. El tercero de la función fue fuertemente pitado durante el primer tercio porque era un adefesio flaco y narigón con patitas de alfeñique.

Ureña le brindó el toro al matador Arturo Macías y después toreó con mucha verdad, iniciando la faena de muleta con estupendos doblones rodilla en tierra en la mínima distancia, cargando bien la suerte. El pupilo del arquitecto Sordo Madaleno fue reservón, tuvo pésimo estilo y jamas repitió. Así ni “El Tato”.

En el sexto las cosas no mejorarían para el triunfador de la temporada española. Tratando de sacarle partido a un toro que no tenía un ápice de fuerza, Paco Ureña veroniqueó con clase y logró arrancarle espléndidos muletazos sueltos por ambos pitones. No es posible arrimarse más ni torear con mayor vergüenza torera. Pero hasta el magnífico espada murciano necesita un toro con un mínimo porcentaje de bravura y energía para lucir. Pese a haber escuchado dos avisos, la gente reconoció el enorme pundonor de Ureña y lo sacó al tercio.

“El Payo” fue quien más cerca estuvo de cortar alguna oreja. El cuarto de la tarde tuvo recorrido y repetía. Octavio toreó muy bien a la verónica tanto de recibo como en el quite.

Con el trapo rojo, el torero queretano supo aprovechar las embestidas completas del de Xajay. Hubo una gran tanda de naturales, derechazos muy largos y variedad de remates pintureros. Lástima que no mató al primer envite y todo quedó en una ovación en el tercio.

El séptimo fue, como varios de sus hermanos, un artiodáctilo débil y soso. “El Payo” se esforzó de verdad, pero a ese bicho no había manera de encontrarle la distancia. Lo más destacable fueron dos naturales realmente colosales.

El aficionado se caracteriza por su necedad, por su tozudez. A eso se debe que domingo a domingo se retrate en la taquilla, pero la empresa debe recordar que no todo mundo es el santo Job. Durante toda la tarde y parte de la noche, en los tendidos de la plaza se comentaba que el ganadero de Xajay debe abandonar sus experimentos sobre la mansedumbre. ¡Lástima, porque realmente están ya muy avanzados!

Domingo 8 de diciembre del 2019. Sexta corrida de la temporada de la Plaza de Toros México. Toros: Ocho de Xajay, desiguales en presentación y juego. El quinto fue bravo pero pasó inadvertido para el público. Palmas al primero; absurdo arrastre lento al segundo; bronca al tercero; ovación al cuarto y pitos al sexto.

Toreros: Sebastián Castella, al segundo lo mató de pinchazo hondo, trasero y desprendido, y un golpe de corta. Le tocaron un aviso al minuto 18. Salió al tercio. Al quinto le despachó de un julipié a medio lomo y dos golpes de corta: silencio.

Paco Ureña: Al tercero le pasaportó de entera un tanto baja: palmas. Al sexto le atizó un pinchazo, una estocada entera y siete golpes de verduguillo: al tercio tras dos avisos.

Octavio García “El Payo”, al cuarto le despenó de un pinchazo en lo alto y cinco descabellos: al tercio tras aviso. Al séptimo se lo quitó de en medio mediante un pinchazo y una estocada entera muy trasera y baja: leves palmas.

André Lagravère “El Galo”, confirmó la alternativa. Al que abrió plaza le pegó dos pinchazos y tres descabellos: silencio tras aviso. En el octavo consiguió la única estocada meritoria de la tarde, aunque la toledana cayó un poco trasera: vuelta al ruedo tras petición de oreja.

Entrada: cerca de nueve mil espectadores.

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