A la hora del balance, es necesario precisar que, como es normal, en esta Feria de abril de 2026 ha habido de todo. La presentación de algunas corridas en la Real Venta de Antequera ha sido un acierto, lo mismo que la potenciación del abono joven. También el 10% de reducción de los precios de las entradas sueltas sobre el montante del abono.

Ha sido la Feria de los nueve no hay billetes, como signo evidente del creciente interés que promueve la Fiesta de los toros. En este sentido, la nueva empresa Lances de Futuro ha logrado un triunfo notable.

En la parte negativa hay que volver a insistir en que el ganado no ha subido de presentación, en contra de lo que adelantó el empresario. En este aspecto es necesario dejar claro que la última potestad sobre el toro que salta al ruedo la tiene la autoridad, que ha sido muy permisiva. Basta recordar como casos más indignantes el sobrero de Murteira y el quinto de Victorino Martín, aunque la lista podría ser más amplia.

Ese aluvión de público es bienvenido porque es una señal de vitalidad para el toreo. Sin embargo, ese mismo público convierte en un caos la plaza de toros, de forma que las exigencias bajan de nivel de forma considerable. Solo así se explica que en esta feria se hayan pedido orejas de forma desproporcionada, se haya vuelto a aplaudir a los picadores que no han picado o que se hayan minusvalorado algunas actuaciones de mérito. La subida del abono no ha repercutido en el nivel de la plaza de toros. Probablemente estamos ante una situación irreversible. No solo atañe a la plaza sevillana, sino que la bajada de nivel es algo generalizado.

En este bajo nivel de exigencias hay que insistir en la facilidad con la que la banda de Tejera ameniza las faenas, muchas de ellas de escaso relieve. Se busca el triunfalismo por encima de todo. Hay que resaltar que esta situación no es nueva, viene de lejos, por lo que no se puede inculpar a la nueva empresa.

En este estado de cosas, la posibilidad de que los presidentes fueran los catalizadores para conseguir que los públicos se vayan adaptando a las reglas eternas del toreo, ha fallado. El palco no ha estado diligente en lo que se refiere a la presentación del toro, como tampoco a la hora de conceder trofeos de escasa entidad y muchas veces con peticiones insuficientes.

En lo referente al toro que se ha lidiado, el conjunto ha estado presentado de forma correcta, pero ha habido algunas excepciones en casi todas las corridas, en la que había algún toro de bajo nivel de presentación. Hay que recordar de nuevo al sobrero de Murteira o al de Victorino como ejemplos de lo que nunca tendría que haber ocurrido. El toro que embiste tapa casi todas sus carencias, La realidad es que han embestido muchos toros.

Por su juego hay que destacar de entrada la novillada de Talavante y la corrida de rejones, ambas muy buenas. En relación a la novillada, siempre sería aconsejable que el nivel de presentación fuera un poco más alto.

De las corridas de toros, el cuadro de honor debe estar ocupado por Santiago Domecq, García Jiménez y El Parralejo. Tuvieron la presentación adecuada y dieron un buen juego en general. Fue prometedor el debut de Álvaro Núñez, en la que hubo toros notables. No defraudó la de Miura, variada y con un gran toro. Por debajo de lo esperado, La Quinta. Muy decepcionante el juego de Garcigrande en Resurrección, Domingo Hernández, Victorino Martín, Victoriano del Río, Núñez del Cuvillo y Juan Pedro Domecq. As de Alcurrucén y Fuente Ymbro, muy desiguales.

El toro estrella de la feria ha sido Secretario, de El Parralejo. Otros toros buenos han sido Aventado, de Alcurrucén; Escogeperro, de Fuente Ymbro, Tallista, de Santiago Domecq; Colchonero, de Álvaro Núñez; Pelifino y Almendrito, de García Jiménez; Chismoso, de El Parralejo; Galguero, de La Quinta y Lamparillo, de Miura.

En el capítulo de toreros, en la cúspide de la Feria hay cuatro nombres: Morante de la Puebla, David de Miranda, Roca Rey y Borja Jiménez. Sobre Morante ya queda poco que añadir. Si estuvo bien en Resurrección y en el primer toro del día 20, lo del jueves de preferia, el 16 de abril, pasa a la historia del toreo. Todo fue una sinfonía inacabada – faltó la espada -, en la que el toreo de capa, las banderillas y la prodigiosa faena de muleta compusieron un conjunto que llevó a la plaza al éxtasis. Si en el Domingo de Pascua hubo psicosis morantista, este jueves de preferia fue una convulsión en la diana del toreo. La espada se negó, de lo contrario habría paseado el segundo rabo de su carrera. La polémica de la Puerta del Príncipe queda empequeñecida ante una obra tan monumental. Las escenas de la masa queriendo empujar la Puerta del Príncipe fueron tristes. El propio torero debió contener al pueblo, porque sabía que no era posible la salida a hombros por la mejor puerta del toreo. La cornada del lunes de feria fue el contrapunto a su feria, incluso le añadió más gloria. Hay cornadas que saben a victoria.

Para los jurados oficiales, David de Miranda ha sido el triunfador del ciclo. En un sentido estricto y de justicia, Morante podría haber acaparado todos los premios, incluso el de banderillas, pero las faenas intensas, templadas y valientes del torero de Trigueros tuvieron el refrendo de la espada, de ahí que se haya llevado el premio al triunfador por segundo año consecutivo.

La feria de Andrés Roca Rey venía siendo buena, siempre con esa sensación de que en Sevilla juega en campo contrario. Oreja discutible en Pascua, otra en la corrida de Domingo Hernández y una tercera cita con sus toros preferidos de Victoriano del Río en la fecha del jueves de feria. Ya se había producido el suceso de Morante y el triunfo de David de Miranda. Roca tiene casta sobrada y lo demostró en el último toro de su feria, al que doblegó, sometió y mandó, para acabar inmolándose en la estocada en la que resultó cogido de gravedad. Esa mirada al toro cuando lo llevaban a la enfermería es la síntesis de su casta torera.

El cuarto nombre es el de Borja Jiménez, que paseó dos orejas y pudo salir las dos tardes a hombros, pero su toreo de verdad, de cite exacto, temple exquisito y remate perfecto, no se acompañó de la realización correcta de la suerte suprema. La faena que realizo al toro que corneó a Morante fue extraordinaria. También lo pinchó. Su pabellón, a pesar de ello, queda muy alto.

Fuera del cuadro de honor, pero en lugar privilegiado hay que colocar a Daniel Luque, que cortó orejas en faenas que no fueron acompañadas por la música, como señal de que fueron obras de tesón, imposición y valor sereno.

Es preciso abrir un capítulo para hablar de los jóvenes, o los toreros con menos presencia habitual en Sevilla. Muy entonado, Fabio Jiménez, bastante bien Aarón Palacio, y muy buena la imagen de Víctor Hernández, torero de personalidad acusada, con una mano izquierda llena de pureza y verdad.

Otro capítulo debe recordar a matadores que han estado bien sin lograr grandes triunfos. Aquí se incluye a Álvaro Lorenzo, torero muy consolidado; Miguel Ángel Perera, el mejor de los muy veteranos; Fortes, que dejó muestras de su talante y sello con la izquierda; Diego Urdiales, superado por un toro, pero capaz de cuajar a otro; El Cid, al que se le negó de forma absurda una oreja y dejó la muestra de su maestría; Román, con una buena faena no rematada a uno de Miura; José Garrido, bien con el capote y tenaz con la muleta, y David Galván, al que siempre se le espera.

Los toreros sevillanos cumplieron con diversa fortuna. Detalles, solo detalles, en Juan Ortega y Pablo Aguado, de los que la afición esperaba mucho más. Muy bien Lama de Góngora y, sobre todo, Rafael Serna, que cortó una oreja de mucho valor. Estimable Javier Zulueta, tan nuevo en una tarde de tanto compromiso. Entregado, como siempre, Manuel Escribano, que se ganó los premios por la estocada. Muy desanimado, Pepe Moral.

Los veteranos Talavante, a pesar de cortar una oreja, y Manzanares dejaron claro que su tiempo ha pasado. Sin eco, Molina, Tomás Rufo y Emilio de Justo.

No debe caer en el olvido la novillada excelente de Talavante con tres jóvenes a buen nivel, de la elegancia de Osornio, el esfuerzo de Tomás Bastos, a la fuerza y capacidad de Julio Norte. A pesar de las seis orejas, la terna de rejoneadores anduvo por debajo de la gran corrida del Capea. La Puerta del Príncipe de Andy fue un exceso. Guillermo Hermoso puso el rejoneo bueno sobre el albero.

Hubo más cosas, pero no se puede olvidar a banderilleros como Curro Javier, Iván García, Juan Sierra, Fernando Sánchez y Antonio Chacón, así como a los picadores Manuel Jesús Ruiz Román, El Patilla y Francisco Escobar.

 

sevillatoro.es
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