Javier Villán10Javier Villán.– A propósito del triunfo de Syriza felicito a Grecia, vía Podemos, pues se los considera hermanos; yo creo que, a lo más, primos. Mas valga el parentesco. Visto lo visto en los tres primeros días, no sé si el triunfo de Syriza favorece a Podemos o es un torpedo en su línea de flotación. Hay triunfos que matan. En España el personal anda revuelto con el posible triunfo de Podemos. Hablo del personal taurófilo, mayormente. No trato de hacer una defensa numantina de la corrida de toros, sino de aportar unos datos que pudieran demostrar lo improcedente de la prohibición de la tauromaquia.

a) Los toros no son de derechas ni de izquierdas, sino un rito o un espectáculo interclasista y de concordia. En el frente de Moncloa en la Universitaria, según cuenta Julio Urrutia en su libro Los toros en la Guerra Civil, los combatientes en reposo se pasaban de trinchera a trinchera los resultados de las corridas dominicales. Y he visto al rojerío de los sesenta salir de Carabanchel o Yeserías y sentarse en el tendido que es, con perdón, el Podemos de los toros.

b) Son una realidad económica que genera muchos puestos de trabajo. Hace años se calcuba que movían unos 40.000 millones de pesetas que ignoro lo que son hoy traducidos a euros. No son una sentimentalidad romántica, son una realidad económica. No sería bueno añadir paro al paro. Y no lo digo por los toreros. que están forrados; los que lo están.

c) No creo que a Podemos le vayan a sobrar los votos como a Syrizas en Grecia, para arriesgar las papeletas de la tropa taurina, que está hecha a las cornadas. Esta, con la ayuda de Felipe II, resistió las amenazas de excomunión de Pio V.Si Podemos considera un caladero la media y pequeña burguesía cabreada con la corrupción PP-PSOE, que considere la potencialidad de los aficionados a la Tauromaquia. Esto no es cuestión romántica, sino pragmatismo electoral.

d) Un dato nazi que es historia real.

Himmler, el carnicero que diseñó la “solución final” del Holocausto salió vomitando de las Ventas en 1940 en una corrida que se pensó como homenaje al lugarteniente de Hitler, de visita por España. Le molestaba más el olor a sangre de toro que el olor a judío socarrado en los crematorios. No todo antitaurino es nazi, por supuesto. Pero conviene cuidar la memoria histórica. La corrida con toda parafernalia y un cartel de lujo, Marcial Lalanda, Rafael Ortega Pepe Luis Vázquez permitió a los nazis manifestar su sentido humanitario de la vida.

e) Un dato abertzale, también real.

Jon Idigoras, lider abertzale fue novillero, malo y sin futuro como la historia demostró. Defendía el origen vasco de la corrida. Solía verlo en los San Fermines, vestido de mozo -blanco y rojo- y jamás le escuché abominar de la corrida; y hablaba con pasión del Betizu, el toro de los montes de Euskadi.

Podría aducir otras razones. Valgan las elementales: económicas y electorales. Y ahora les dejo que sigan con el resto del post, pues el libro de López-Galiacho, De frente, en corto y por derecho, una ética torera para el liderazgo tiene mucho interés, lo crea o no lo crean, Iglesias, Errejón y Monedero. Ellos están irrevocablemente llamados a ser líderes.

La cocina del quijote.

El Tormo, restaurante manchego con pinta de posada cervantina en las Vistillas. Seis mesas y para qué mas, dicenMilagros y Enrique los posaderos. Lo fundó hace años Joaquín Racionero, que empezó comunista y acabó facha y hoy está jubilado de todo. Va a ser verdad que la lucha final será entre comunistas y ex comunistas. Milagros Enriqueno se meten en berenjenales políticos. No le dirían a Miterrand, como cuentan que le dijo un dia Joaquín Racionero refiriéndose al morteruelo que le habían encargado ex profeso para él: “no se le ocurra comparar este plato con su paté, no hay color”. A lo que Miterrand, dicen, contestó: “pero los franceses lo vendemos mejor”.

La cocina el Quijote es ya una recreación cultural. Si se hubiera limitado al menú de don Alonso Quijano habría limitado su alcance y su refinamiento. Don Quijano era un hidalgo pobre, según la dieta que testificó Cervantes: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón (fiambre o carne picada con cebolla y vinagre) las más noches, duelos y quebrantos (huevos con torreznos) los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos”. Para ser pobre no está mal, pero el menú de El Tormo es muy superior.

Pepe Esteban escribió hace tiempo un libro sobre el tema. A Pepe voy a llevarlo un dia a El Tormo para que aprenda de Milagros, que explica plato a plato: sus ingredientes, su cocción, el fuego que necesita, algunas leyendas…. Esta explicará el origen del atascaburras, o del gazpacho pastor o del mostillo, la naturaleza del arroz de bodas e incluso de tornabodas y los secretos del verdadero pisto manchego. Me llevan a degustar estas excelencias Javier López Galiacho y Emilio Martínez: dieta de ocho platos, más o menos; lo que dispongan Enrique y Milagros. No hay elección, sólo la voluntad de Milagros.

Homenaje a Rabelais, a Pantagruel gigante que en vez de hacer liza con don Quijote, de encontrase con él, hubiera pactado venir al Tormo; mejor hartarse de viandas que pelear por una dama. Luego hablamos de toros, del libro que acaba de publicar López-GaliachoDe frente, en corto y por derecho. Por las Vistillas, cerca del Acueducto vedado ya por grandes mamparas para los ángeles suicidas. Una tarde en que Yesteras, gran banderillero luego, fracasó en las Ventas le pregunto a Bojilla, su apoderado: “¿y ahora qué hacemos?”. Y Bojilla, la peor lengua de toda la torería, le contestó: “Yo al hotel, tú al viaducto”. Hoy esto no sería posible; y menos después del yantar que nos ha servido Milagros.

De frente y por derecho.

Javier López-Galiacho, aficionado insigne, ha escrito un libro de toros que es más que un libro de toros. Tampoco López-Galiacho es un aficionado del común y el título de este libro puede inducir a engaño. De frente, en corto y por derecho resume, con la trilogía “parar, mandar y templar”, a la que puede añadirse “y cargar la suerte”, la norma sagrada, el espíritu y la técnica del arte de torear. Quizá este libro lo explique mejor el subtítulo: Ensayo de una tauromaquia para el liderazgo personal y empresarial. O sea la magia del rito, el juego de la muerte, el misterio de la ceremonia y la grandeza del toreo aplicado al prosaísmo de la vida diaria: el torero como espejo de conducta. Para héroes solitarios y para ejecutivos empresariales con el triunfo como destino. Y todo ello con un bagaje cultural que desconcertará al taurino habitual; enriquece y ennoblece la literatura de toros.

El Toreo es grandeza, tituló Joaquín Vidal uno de sus pocos libros. Vidal, acaso el mejor crítico taurino de la segunda mitad del siglo XX, era hombre de periódico, de la crónica a pie de plaza. Era parco en libros y abundante en artículos, modelo de prosa y de subversión crítica. Me sumo al homenaje que López-Galiacho dedica a Vidal en De frente en corto y por derecho, que reside, creo yo, no solo en el capítulo dedicado a esta figura estelar del periodismo. Está posiblemente en la estructura del libro, en su enfoque de la tauromaquia, en la ética y la conciencia que lo impregna, en una honradez intelectual que lo llevaba a ser un subversivo en toros y un conservador en política.

López Galiacho no elude ningún tema por espinoso que sea. Mismamente el soborno, -“sobre” en la jerga- los periodistas alquilones a los que opone la honradez desdeñosa de Vidal. No es el único, obviamente. Pero a mí estas cosas, tras haber publicado una Antología de la crítica taurina y haber profundizada en los orígenes y naturaleza del sobre, siguen dejándome perplejo. Nunca han tratado de sobornarme, nunca me ha tentado el Opus Dei – que sólo tienta a los muy inteligentes- ni ha tratado de captarme la CIA o servicio de espionaje paralelo. O sea que nunca llegaré a nada. Iba para latinista y me quedé en cronista taurino.

Aportación personal al margen del libro: los zoquetes de prosa mazorral y zopenca se inventaron una noche de insomnio que Joaquín Vidal y un servidor cobrábamos de la UE para desprestigiar la Fiesta. Como yo no recibía nada, le reclamé mi parte al bueno de Joaquín. Me fulminó con esa mirada gélida que, a veces, le salía: “sobre esto no tolero ni una broma, ni siquiera a costa de la Comunidad Europea”. Solté una estruendosa carcajada y me invitó a media botella de Viña Ardanza en los Caireles mientras él tomaba su café. No quise decirle que ese era el vino que bebía Curro Fetén para no herir susceptibilidades. Queríamos a Curro Fetén. Nos llamaba “los vengadores”: justicieros de todas las humillaciones que había tenido que sufrir.

Releeré este libro, aunque ya no aspire a ningún liderazgo ni personal y mucho menos empresarial. Lo releeré como el mayor empeño intelectual de dotar a la vida de estímulos y al toreo de grandeza: vida y toros.
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