David Galván tomó la alternativa en la corrida del Día de Andalucía y demostró que tiene condiciones para ser un torero importante y que tiene el futuro en sus manos. Co una buena corrida de Sampedro, Ruiz Miguel y Ponce fueron la veteranía y Galván fue el futuro.

Plaza de Sanlúcar de Barrameda. Corrida del día de Andalucía. Media plaza. Seis toros de Sampedro, correctos de presencia, nobles, justos de fuerzas. El quinto, de nombre Lucido, fue premiado con la vuelta al ruedo. Asistió Juan José Padilla, que recibió el brindis de Ruiz Miguel y Ponce. La terna salió a hombros por la Puerta Grande.
Ruiz Miguel, lila y oro, pinchazo y estocada delantera (una oreja). En el cuarto, metisaca, media atravesada y descabello (una oreja).
Enrique Ponce, grana y oro, media estocada trasera (una oreja). En el quinto, estocada (dos orejas y rabo).
David Galván, blanco y oro, alternativa, estocada (dos orejas). En el sexto, estocada (una oreja).

Carlos Crivell.- Sanlúcar de Barrameda

Foto: elpuertoactualidad.es

David Galván es una esperanza fundada del toreo. Natural de San Fernando, este joven ha ido expresando cada tarde unas condiciones excelentes para ser un torero de futuro. En la corrida conmemorativa del Día de Andalucía ha tomado la alternativa, tal vez muy pronto, aunque ya se sabe que como novillero no se puede torear en estos tiempos. Galván lo tiene casi todo. Está dotado de una inteligencia natural que le permite pensar en la cara del toro; es valiente y tiene una notable capacidad estética, diríamos que es buen gusto. Dicho esto sobra decir que su futuro es muy bueno si se conjuntan todos esos detalles necesarios para que el viaje llegue a buen puerto.

En esta corrida de su alternativa, David Galván se ha mostrado con todas esas cualidades pregonadas. Al toro del doctorado, tan noble como flojo, le ha realizado una faena elegante y torera, presidida por la naturalidad. No parecía una alternativa, más bien daba la impresión de que estaba ya de vueltas. Como remate, una estocada de libro.

Y como prueba de que es valiente, Galván dejó su impronta de valor con el sexto, el animal más incómodo de la corrida. Se mostró valiente para sacar pases casi imposibles y se jugó el físico de forma admirable. Galván está y se le espera.

La corrida de Sampedro fue ideal para la ocasión. Casi todos fueron nobles en distinto grado. A Galván lo emparejaron con dos veteranos como Ruiz Miguel y Enrique Ponce. La corrida fue tan buena que un maestro como Francisco Ruiz Miguel anduvo fácil y torero toda la tarde. A su edad anduvo sobrado en todo momento. Toreó con buen gusto al primero de su lote con el capote. El toro fue bueno, algo justo de raza, pero Ruiz Miguel destapó una tauromaquia añeja de distancia y sitio. Templó siempre sin gran ajuste, pero se le vio más que seguro en esta aventura.

El cuarto fue un toro para de menos recorrido ante el que Ruiz Miguel exhibió recursos para animar al público. Se admiten los alardes, entre otras cosas porque lo hacen todos, pero lo mejor y lo que debe quedar es esa imagen de torero maduro que mostró el de la Isla. Falló con la espada, pero el cariño popular le permitió cortar una oreja para salir a hombros. Para corridas puntuales, vale; para enredar, como él mismo dice, mejor taparse.

Para Enrique Ponce la tarde fue ideal. Es verdad que no parece que esté ahora para grandes compromisos, pero en estos festejos sobresale porque su capacidad y técnica torera están fuera de dudas. En este amable festejo, Ponce tropezó con Lucido, toro bravo, al que el que cuajó de principio a fin en una labor templada y torera. Se pidió de forma absurda el indulto, algo que el propio toro se encargó de negar al rajarse al final.
Ponce anduvo pletórico ante un toro muy bueno y fue premiado con todos los trofeos. La corrida fue típica de esta solemnidad, pero entre el triunfalismo hay que dejar claro que el chaval de San Fernando lo tiene todo para ser alguien. Ruiz Miguel y Ponce fueron la representación de un pasado, añejo y torero, que tienen ya su historia escrita.

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