El calor sofocante y el cambio de fecha causaron estragos en la asistencia de público en la segunda novillada de promoción. Con generosidad hubo un tercio de plaza. Con este panorama, seis novilleros con escaso bagaje fueron el condicionante para que la noche fuera de nula trascendencia. Todo ello con este ambiente que se quiere potenciar de alegría general a la hora de pedir trofeos y que es peligroso de cara al futuro. Se suma la banda de música, que toca sin reparos en todas las faenas. Hay momentos en los que ameniza una labor de mínimo relieve. Pero hay que tocar para animar al respetable.
La novillada de Pablo Mayoral estuvo dignamente presentada. Quedó claro cómo debe ser el eral que debe lidiarse en Sevilla en estos festejos, no lo que sucedió en la primera del ciclo, donde se lidiaron unas reses infumables. Además de una presentación adecuada, en la suelta hubo buenos novillos con posibilidades, como ocurrió con el primero, cuarto y sexto, cada uno con cualidades distintas, dentro de su encaste y origen santacolomeño.
El eral que abrió la fiesta fue bravo y se dejó torear, algo que, por desgracia, no consiguió Curro Muñoz, que en su turno de quites había sufrido una voltereta sin consecuencias. Muñoz no dejó la muleta colocada para ligar y de esa forma su actuación fue de nulo relieve. En un alarde de escasa personalidad, acabó con las manoseadas y detestables bernadinas. Todo finalizó de mala manera con la espada.
Antonio Santana, de Chiclana, recibió al segundo con una larga cambiada y tres faroles de rodillas. El novillo embistió rebrincado con poco estilo, de ahí que Santana anduviera afanoso en una labor discreta en la que lo mejor fueron los pases de pecho. Tuvo el buen gusto de acabar con ayudados por alto. Y tuvo el mal gusto de tirarse a matar dos veces sin la muleta, un detalle absurdo. No sé si José Luis Galloso, su profesor en la escuela, lo anima a que realice de esta forma la suerte suprema, pero lo que debe hacer en prepararlo para que la haga con categoría y eficacia sin tirar la muleta.
El malagueño Manolo Martínez comenzó bien su faena al tercero con unos doblones muy toreros. El de Mayoral no tenía clase, soltó la cara y se sucedieron los enganchones en una faena que tampoco superó el nivel exigido. La media estocada fue de eficacia inmediata.
De Cadalso de los Vidrios llegó Roberto Cordero, que toreó con entrega con el capote. También fue brillante la respuesta del colombiano Restrepo. El novillo fue flojo pero muy manejable, sobre todo por el lado izquierdo. Roberto Cordero hizo una faena intermitente con fases de mejor toreo, sobre todo al natural, junto a otras de una labor más deslavazada.
Cristian Restrepo había dejado buenas sensaciones con el capote en el quite del novillo anterior y lo confirmó en el saludo del quinto, al que toreó bien a la verónica. El de Mayoral tuvo un buen pitón derecho, por donde el colombiano consiguió llevarlo toreado con mayor calidad, pero de forma incomprensible a mitad de faena insistió por la izquierda, pitón malo del astado. Todo quedó en un silencio estruendoso.
El sexto fue bueno por el pitón izquierdo. Juanmi Vidal, inédito con el capote, se lo brindó a su padre, que iba de luces en su cuadrilla. Después de dos tandas de menos entidad con la diestra, Vidal encontró el buen pitón zurdo de un novillo que embistió mucho a su muleta. También, de manera poco comprensible, abandonó el pitón bueno para torear de manera rutinaria por la derecha. Lo mató pronto y se pidió con alegría un trofeo que el palco de forma justa no concedió. La vuelta fue su premio.
Plaza de toros de Sevilla, 1 de julio de 2026. Segunda novillada de promoción. Un tercio de plaza. Seis erales de Pablo Mayoral, bien presentados con tres novillos, primero, cuarto y sexto, con posibilidades de triunfo.
Curro Muñoz, de la escuela de Sevilla, (verde botella y oro), silencio tras dos avisos.
Antonio Santana, de la Escuela La Gallosina (marfil y oro), silencio tras aviso.
Manolo Martínez, de la Escuela de Málaga (gris plomo y oro), saludos.
Roberto Cordero, de Cadalso de los Vidrios (azul noche y oro), vuelta al ruedo.
Cristian Restrepo, de Cáceres (blanco y oro), silencio.
Juanmi Vidal, de la Escuela de Sanlúcar de Barrameda (grana y oro), vuelta al ruedo tras aviso.
Se guardó un minuto de silencio en memoria de Enrique Muñoz El Trola.
Nacido en Sevilla en el barrio del Arenal, en la calle Pastor y Landero, frente a la Maestranza. Aficionado a los toros desde su infancia gracias al ejemplo paterno, un viejo amante de la fiesta que vio torear a Guerrita. Abonado de la Real Maestranza desde pequeño.