La novillada de Fuente Ymbro lució una buena presentación, pero su juego en conjunto dejó mucho que desear, a pesar de que hubo algunos novillos fáciles para los toreros, como el primero y el segundo. Hubo mansedumbre, poca raza y pocas fuerzas. El último de la noche se fue a los corrales, mitad por inválido, mitad por cojo.
Con este panorama, la novillada pedía mayor firmeza en los novilleros. No es cuestión de ponerse exigente con Francisco Morales, de 33 años y que debutó con caballos hace ya diez años. Le tocó un buen novillo en primer lugar, bravo y noble, al que toreó con voluntad sobre ambas manos. Fue el premio debido a quien más lo necesitaba. Lo mató a la primera y se le concedió una oreja de una generosidad beatífica.
Durante la lidia de su segundo novillo, corrido como quinto, se produjo el momento mágico de la tarde: un quite soberbio con dos verónicas y media de Emiliano Osornio, un modelo excepcional del mejor toreo de capote, jugando los brazos con limpieza y rematando con galanura. Su matador Morales se enfrentó a un novillo noble con poco gas. Llegó a tumbarse y costó un mundo que se levantara. Su falta de recorrido se hizo ahora más evidente.
Queda contado el quite soberbio de Osornio al quinto. Con el primero de su lote, novillo aquerenciado en tablas el mexicano logró muletazos sueltos de bella factura en una labor lógicamente inconexa. Pero lo mató de manera efectiva y también paseó una oreja.
El segundo de su lote se paró muy pronto y su labor se limitó a vanos intentos antes de matarlo. En el recuerdo quedó su quite al toro anterior.
El otro mexicano de la terna, Ignacio Garibay, comenzó de manera explosiva la faena al cuarto. Por bajo, con dos trincherazos monumentales como tarjeta de presentación. A partir de ahí, Garibay evidenció que tiene manos de trapo. Fue desarmado en este novillo varias veces, como también sucedería en el último. La faena tuvo buen toreo entre algunos enganchones. Ya rajado el de Fuente Ymbro, cogió sin consecuencias al torero. Con la espada anduvo sin tino ni eficacia.
Cerró plaza un novillo de Bohórquez lidiado como sobrero. Fue noble con poca raza y escasa acometividad. En banderillas, los ambos novilleros mexicanos invitaron al subalterno Héctor García, también azteca, para compartir los palitroques. Quedó muy vistoso. Garibay, además de dejarse tropezar muchos los engaños, trató de hacer bien las cosas en una faena con poco hilván, todo ello antes de marrar de nuevo en la suerte suprema.
Todo este largo festejo había comenzado con la lidia de un novillo de Bohórquez por parte del novel Francisco Martín, que todavía está muy verde para estos trotes. Cabe destacar algún quiebro con el caballo Pitufo. No acertó con el rejón de muerte ni con el descabello.
En definitiva, cerca de tres horas para saborear dos verónicas y una media de Osornio y los trincherazos de Garibay.
Plaza de toros de La Malagueta, 14 de agosto de 2026. Primera de Feria. Media plaza. Un novillo de Bohórquez para rejones. En lidia ordinaria, cinco de Fuente Ymbro y uno, séptimo, de Bohórquez, lidiado como sobrero. Bien presentados y de variado juego, con falta de raza, mansedumbre y nobleza repartida.
Francisco Martín, saludos tras aviso.
Francisco Morales (grana y oro): una oreja y saludos tras aviso.
Emiliano Osornio (rioja y azabache): una oreja y saludos.
Ignacio Garibay (turquesa y oro): saludos y saludos tras aviso.




Nacido en Sevilla en el barrio del Arenal, en la calle Pastor y Landero, frente a la Maestranza. Aficionado a los toros desde su infancia gracias al ejemplo paterno, un viejo amante de la fiesta que vio torear a Guerrita. Abonado de la Real Maestranza desde pequeño.