La corrida de Parladé, descastada y de mal juego, frenó a una terna que tampoco pasó la raya de la decisión y la entrega, salvo el caso de Morante en el segundo, aunque luego falló de forma estrepitosa con los aceros. Finito, a distancia;Salvador Cortés, vulgar y sin sello. La gente se entregó a Morante y se vivieron instantes de pasión con su actuación.

Parladé / Finito, Morante y Salvador Cortés

Seis toros de Parladé, el primero sobrero de otro devuelto por inválido, de escasa presentación, pitones blandos, descastados y de mal juego.

Finito de Córdoba: cinco pinchazos y dos descabellos (pitos tras aviso) y tres pinchazos y dos descabellos (silencio tras aviso).
Morante de la Puebla: ocho pinchazos, estocada y descabello (saludos con división tras dos avisos) y estocada caída (silencio).
Salvador Cortés: estocada (palmas) y estocada (silencio).

Plaza de la Maestranza, 11ª de abono. 6 de abril de 2008. Lleno.

Carlos Crivell

Morante dejó apuntes maravillosos de su toreo sevillano, algunos pases de la firma, kikirikís, de pecho, esa gama de muletazos que distinguen lo que siempre fue el toreo de la tierra, pero el tendido respondió con la entrega de quien está prendado de ese torero. No hubo catarsis, quedaron sólo los detalles, pero Sevilla y Morante quieren un romance.

El de La Puebla quiso en el primero de su lote. Lo hizo con demasiada ceremonia, buscando la colocación con mimo, excesivamente premioso. Se le fue un tiempo precioso, aunque este torero no es para medirle el tiempo. El toro, como toda la corrida, fue noble y flojo, pero muy justo de raza. Algunos muletazos sobre la derecha llevaban encerrado todo el aroma del mejor toreo de Sevilla. No fue una labor unida, apenas hubo diez pases sueltos, pero la gente fue feliz con la belleza de su toreo.

El final fue un desastre. Muchos pinchazos, dos avisos, casi el tercero al acecho, pero aún así la plaza lo aplaudió. Sobró la salida a saludar porque después de un mitin tan sonoro con la espada sobran los saludos. Los detalles, el regusto, la gracia de un torero que ha heredado los dones de la gracia que tuvieron Chicuelo, Pepe Luis y Pepín quedaron esparcidos sobre el albero.

Y ya no hubo nada más en la corrida. El lote de Parladé fue calamitoso. No se puede admitir la bondad como única virtud del toro bravo si faltan las fuerzas, la movilidad, la repetición y la prontitud. Es decir, si falta la casta. Fue una corrida podrida, impresentable en algunos toros, con los pitones muy sospechosos por la forma de abrirse como escobas al menor roce sobre el albero; un lote que no sirve para una Feria que ya conoce lo que es la casta en el toro.

Con semejantes toros, Finito tiró líneas movidas en el primero

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