Entre un rigor presidencial desconocido y el mal uso de las espadas, la corrida de La Quinta se fue al desolladero con las orejas. Lo de la presidencia es sorprendente, porque ella misma y sus compañeros han otorgado trofeos con similares o menores peticiones en otras fechas. Pasado el tiempo de las figuras, los presidentes se vuelven exigentes. Esta actitud sería válida si se mantuviera así en todo momento.
Sobre las espadas habría que hablar largo y tendido. Esa es la palabra, tendido. Casi todos los matadores actuales matan trasero y tendido. Los toros tardan en echarse, pero al final se derrumban para ser apuntillados. En esta feria se han matado pocos toros con estocadas en la cruz. En esta corrida de La Quinta, el mal uso de la espada impidió que se cortaran orejas.
Es una alegría ver de nuevo a Manuel Jesús El Cid en el ruedo de la plaza de Sevilla, donde su historia es de auténtico lujo, nada menos que con cuatro salidas por la Puerta del Príncipe. Pero el tiempo ha pasado. El torero de Salteras mantiene las virtudes que lo convirtieron en figura en años pasados. El temple está intacto, lo mismo que su colocación en la cara del toro. El que abrió plaza fue muy flojo y soso. El Cid se esforzó en una faena sobre la derecha que no caló porque el toro no tenía gracia.
Se desquitó en el cuarto, toro bravo en el caballo de Espartaco el picador, que de nuevo fue ovacionado. Se va a llevar todos los premios al mejor picador de esta feria. El toro desarrolló bondad en el último tercio. El Cid volvió a lo suyo. Lo citó de largo, sin probaturas, con la derecha, para llevarlo largo y con mando en dos tandas. Se encontraba tan a gusto que en alguno miró al tendido en el embroque. Aflojó el toro por la izquierda y de nuevo se gustó con la derecha. La espada cayó trasera, como todas. La plaza pidió la oreja que fue denegada por el palco. Enfadado, dio la vuelta al ruedo.
Se esperaba a Fortes, ausente algunos años de Sevilla. El segundo fue otro toro parecido al primero, muy soso y flojo. El punto de bondad no fue suficiente para que la disposición y las maneras del malagueño lograran una labor de mayor enjundia.
La faena buena llegó con el noble quinto, que cumplió en dos puyazos, y al que comenzó de rodillas con redondos. En las dos tandas con la derecha hubo de todo, desde toreo templado hasta algún tropezón de la franela. Ya con la izquierda todo se vino arriba con dos tandas de trazo perfecto, la figura erguida, la muñeca engrasada, el toro embebido en la muleta. Debió seguir por ese palo, pero se pasó a la derecha, donde hubo buenos muletazos aislados. Toda esta faena transcurrió con una curiosa actitud de la plaza, que no se rompió ante el buen toreo del diestro. Sería por eso y por una estocada muy imperfecta por lo que la petición no llegó a ser mayoritaria. Ahora el palco lo tenía claro. No había petición. La espada se había contabilizado mucho.
También volvía por Sevilla José Garrido, compañero de andanzas novilleriles de Borja Jiménez allá por el año 2013. Su toreo de capote fue arrebatado, tanto en el tercero como en el sexto. Es decir, de postura algo forzada. Con el primero de su lote, que fue encastado aunque le costó mucho humillar, Garrido anduvo más que decoroso desde los doblones del inicio a las buenas tandas sobre las dos manos, tratando de torear por abajo, algo nada fácil, pero que logró en muchos momentos. Tenía la oreja en el bote cuando se puso a pinchar y se desvaneció todo.
El sexto se quedó sin picar. El picador de turno marró y el toro lo descabalgó. Solo le dieron un puyazo con la anuencia del palco. Llegó a la muleta con violencia en los primeros compases, en los que tropezó la franela casi siempre. Quiso Garrido bajar la mano y consiguió derechazos de mejor trazo. Sin ninguna necesidad prolongó la faena y lo mató de forma defectuosa.
La Quinta no fue una corrida excelente, pero tres toros se dejaron torear, el tercero, cuarto y quinto, lo que hubiera permitido un triunfo mayor de la terna, pero entre las espadas y un palco cicatero y desacertado, todo quedó en dos simples vueltas al ruedo.
Plaza de toros de Sevilla, 25 de abril de 2026. Decimoquinta de abono. Casi lleno. Seis toros de La Quinta, correctos de presentación, variados de huego, destacando cuarto y quinto por nobleza y tercero por casta.
El Cid, de verde y oro. Estocada corta tendida (palmas). En el cuarto, estocada trasera (vuelta al ruedo tras petición).
Fortes, de turquesa y oro. Estocada trasera (saludos). En el quinto, estocada corta trasera y tendida (vuelta al ruedo).
José Garrido, de verde botella y oro. Tres pinchazos y estocada (saludos). En el sexto, Estocada travesada y baja (silencio tras aviso).
Muy buenos putazos de Manuel Jesús Ruiz Román al cuarto. El banderillero Juan Luis Moreno fue atendido de ‘contusión centro-torácica sin lesiones cutáneas y auscultación pulmonar sin alteraciones. Contusión en hemiabdomen derecho con escoriación. Varetazo perianal derecho. Exploración anal de visu y tacto rectal sin alteraciones. Pronóstico: leve’. Minuto de silencio en memora del ganadero Santiago Barrero San Román y del mayoral de Fuente Ymbro, Alfonso Vázquez.
Nacido en Sevilla en el barrio del Arenal, en la calle Pastor y Landero, frente a la Maestranza. Aficionado a los toros desde su infancia gracias al ejemplo paterno, un viejo amante de la fiesta que vio torear a Guerrita. Abonado de la Real Maestranza desde pequeño.