Bellísima mañana en Sevilla con la plaza llena y hermoso corceles por el ruedo. Rejonearon bien Antonio Domecq y Leonardo Hernández. Triunfó para el público Diego Ventura. Discretos, los restantes

Benítez Cubero / Domecq, Martín Burgos, Cartagena, Montes, Ventura y Hernández

Seis toros, despuntados, de Benítez Cubero, bien presentados y de aceptable juego, aunque la mayoría de los toros acabaron rajados y parados. Mejores, primeo y sexto.

Antonio Domecq: cuatro pinchazos y un rejón de muerte (ovación).
Martín Burgos: rejón trasero y descabello (saludos)
Andy Cartagena: pinchazo y rejón de muerte (una oreja).
álvaro Montes: rejón de muerte (vuelta al ruedo).
Diego Ventura: pinchazo y rejón de muerte (dos orejas).
Leonardo Hernández: pinchazo, rejón atravesado y dos descabellos (saludos).

Real Maestranza, 13 de abril. Festejo matinal. No hay billetes.

Carlos Crivell

Diego Ventura goza del favor incondicional del público porque se entrega y llega con facilidad a los tendidos. Se llevó dos orejas en la matinal de rejones sin que fuera una de sus mejoras actuaciones en Sevilla. El toro de Cubero esperó mucho a las cabalgaduras y el de La Puebla le echó encima los caballos para clavar las banderillas.

Fue muy brillante la labor de Distinto, camino de convertirse en la estrella de los equinos toreros. El toro esperó siempre y el caballo llegó casi a su terreno para provocar las arrancadas. Distinto, muy valiente, quebró a la perfección y salió de forma airosa, mientras Ventura clavaba en lo alto.

Todo llegó a lo increíble con Morante, el caballo que muerde los pitones, que en su afán por coger el cuerno del toro estuvo a punto de sufrir un serio percance. La cabalgadura fue atropellada, aunque por fortuna salió indemne del topetazo. Todo ello creó un clima emotivo en la plaza y no importó que necesitara dos agresiones para acabar con el toro, porque el enfervorizado público pidió las orejas para el nuevo ídolo del toreo a caballo.

La mañana de los rejones tuvo más, incluso mejores, argumentos. El toreo más clásico llevó la firma de Antonio Domecq, que no sólo se lució por la doma de su cuadra, que está en muy buen momento, sino que intentó realizar la lidia en el centro y con pureza. Fue una faena de premio emborronada por unos cuantos rejones fallidos. Fue maravilloso comprobar el buen estado de óleo, el caballo que sobrevivió a las llamas.

En otra línea, muy campero y templado anduvo álvaro Montes, que se equivocó al poner dos rejones de castigo a su enemigo. Abusó de los violines, pero su nivel fue más que notable. No se entiende bien por qué no cortó la oreja. Ni el público la pidió con fuerza ni el palco anduvo presto.

Excelente el toreo a caballo de Leonardo Hernández, presidido por la verdad y el temple. El peso de la labor de joven caballero recayó en Amatista, que acertó con las distancias en las carreras a dos pistas y se dejó llegar al de Cubero muy cerca. Magnífica impresión que se quedó deslucida a la hora de acabar con el astado.

Andy Cartagena cortó la oreja del tercero gracias al bamboleo que ejecuta su caballo Pericalvo. Es como si un matador se contorsionara en gestos estrambóticos antes de torear al natural. La gente se encandila con las gracias del caballo. Andy es rejoneador experto, puso banderillas al natural y al violín y se encontró con una oreja generosa.

Por su parte, Martín Burgos estuvo vibrante en los violines. Parece mentira que aquí todo el mundo hace lo mismo. La inflación de banderillas al estilo musical es ya excesiva. Su labor se frenó a la hora de matar.

En definitiva, una plaza maravillosa llena hasta la bandera, caballos muy hermosos, poca imaginación en los rejoneadores

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