Fotos: Álvaro Pastor Torres

López Peregrino va a cumplir en noviembre veintisiete años. Hace ya tres que debutó con caballos. Sus mejores momentos los recuerdo en las novilladas de las escuelas taurinas. Tiene un concepto del toreo de puro arte, en algún momento se mira en el espejo de su paisano Rafael de Paula, algo que es muy bueno, mucho más en estos tiempos de toreros mecánicos y fabricados en serie que se dedican a todo menos a torear de forma clásica. En esta presentación con picadores en Sevilla ha dejado clara esa condición de torero de regusto, tanto con el capote como con la muleta. No fue posible con el primero de la tarde, novillo de mínima clase, que no le permitió expresarse. Pero lo consiguió en el novillo de mayor calidad de la suelta, el cuarto, al que ya con el capote le soltó unas cuantas verónicas de mucho sentimiento con buenos remates con la media de rigor. Fue su momento de mejor homenaje al torero gitano.

A la clase de ese novillo cuarto, Peregrino le puso un toreo de muchos quilates, comenzado con un cartucho de pescao y unas tandas al natural en las que voló la muleta con donaire y temple. A la clase de Cobrador le puso su estilo torero, muy de agradecer en tiempos tanto toreo prefabricado. Aflojó el novillo por el derecho y una nueva tanda con la zurda le puso el colofón a su faena. Se llevó al novillo al centro y allí lo mató de una estocada que cayó algo baja. La oreja cayó por su propio peso tras la muerte espectacular del astado.

Esta oreja y esta buena sensación debe servirle a López Peregrino. La pregunta es dónde podrá torear ahora, cuando se organizan tan pocas novilladas, y las que se organizan las torean siempre los mismos. Tiene ya una edad para pensar en dar el paso adelante de la alternativa. Si Matilla tuviera sensibilidad lo llamaría para decirle que la toma en la próxima feria de Jerez.

Del resto de la novillada, tan descastada, tan parada, tan pobre de clase, tan escasa de fondo, hay que destacar las buenas maneras del burgalés Ruiz de Velasco, que estuvo muy decidido toda la tarde, bien en los quites, bien en sus dos faenas de muleta, en las apuró todas las posibilidades de sus enemigos. Con el tercero destacó con la derecha y también algunos naturales que surgieron sin la debida ligazón por la imposibilidad del novillo de repetir dos embestidas. En esa faena, cuando había logrado naturales muy buenos, de pronto se puso a citar con la derecha, que era el pitón de menor prestación. El sexto embistió muy poco, lo hizo al ralentí, sin ninguna emoción, pero el chaval se puso en el sitio y sacó algo de agua de un pozo muy seco. Había comenzado de rodillas con cierto aturrullamiento. Toda esa faena la sustentó en la mano derecha. Sus muchos partidarios pidieron una oreja que no tenía ningún sentido. 

Muy mala suerte para Martín Morilla en lo que era una tarde muy importante para su futuro. El segundo se enceló en el caballo mucho tiempo y sufrió un severo degaste, lo que unido a su mínimo fondo condicionó que el animal se quedara parado en la muleta. El quinto se lastimó en una costalada y le pasó lo mismo. Totalmente afligido, sin vida, cansino, era una estatua mortecina. La realidad es que el torero de Morón no pudo levantar su tarde con dos novillos inservibles.

Plaza de toros de Sevilla, 31 de mayo de 2026. Novillada con picadores de abono. Algo menos de media plaza. Seis novillos de Guadaira, bien presentados, muy descastados excepto el cuarto, noble y con clase; manso, el sexto.

López Peregrino, de celeste y oro. Estocada y tres descabellos (silencio). En el cuarto, estocada desprendida (una oreja).

Martín Morilla, de verde botella y oro. Media atravesada y un pinchazo (silencio). En el quinto, pinchazo y media atravesada (silencio tras aviso).

Ruiz de Velasco, de azul rey y oro. Estocada tendida (vuelta al ruedo). En el sexto, estocada trasera (saludos).

Tarde muy calurosa. Saludaron en las banderillas del cuarto Daniel Duarte y Fernando Pérez.

sevillatoro.es
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