De las doce orejas que les colgaban a los novillos de Talavante, la terna solo paseó tres, lo que quiere decir que no estuvo a la altura del juego de unos utreros de una dulzura extrema. De los seis novillos, cuatro eran para consagrarse en la Maestranza. La novillada fue bonita, cómoda, noble, es decir, que la terna anunciada, que son novilleros de primer nivel, puede estar contenta por el juego de unos utreros que llegaban pidiendo buen toreo. A los de Talavante les ha sobrado clase y les ha faltado algo de casta. Del tercio de varas, mejor no hablar, porque no existió.

¿Ha habido buen torero en esta tarde primaveral sevillana? Lo ha habido en muy contadas ocasiones. Lo que no han faltado son cientos de muletazos con una y otra mano, algunas veces a destajo, como es el caso del novillero portugués Tomás Bastos, que alargó de manera absurda sus dos trasteos. La novillada fue tan buena en cuando a clase y bondad que en todos los novillos hubo quites, casi nunca a la verónica, sino que hubo profusión de chicuelinas, tafalleras, saltilleras y gaoneras. De todo menos torear bien con el capote. 

El mexicano Emiliano Osornio se fue sin orejas en sus manos, pero realizó el toreo más puro de la tarde. El que abrió plaza hizo hilo en su muleta. Emiliano se enfrentó a un animal noble pero muy soso, al que le pudo instrumentar algunos muletazos de mucha enjundia, todo dentro de un concepto clásico del toreo. Osornio no recurre a los artificios tan en boga en la novillería moderna.

Con el cuarto, de nuevo se puso de manifiesto que es muy buen torero, pero que peca de frialdad. Dos derechazos con la suerte cargada y el pecho adelante, algún natural de categoría en una faena a un novillo con menos calidad que sus hermanos. Los naturales sin ligar finales fueron carteles de toros. Con la espada no anda muy fino. Quedan ganas de verlo de nuevo.

El portugués Tomás Bastos tiene el oficio bien aprendido. No renunció a ningún quite, estuvo siempre entregado y se lució en ambos, tanto en el toreo fundamental como en el accesorio. Al segundo, que fue una máquina de embestir, le hizo una faena larga – ese ha sido uno de los inconvenientes de su tarde -, que comenzó con ayudados por alto y siguió con derechazos de mano baja, en toreo rehilado o en tiovivo, es decir, que no le daba salida al animal y ligaba en continuidad sin quitar la muleta de la cara. Es un feo detalle que gusta mucho a algunos públicos, pero que disgusta al aficionado serio. Tras un desarme, con el novillo abriéndose mucho, Bastos siguió con su faena. Intercaló una arrucina y le apretó por abajo al final con la derecha, ahora más centrado y templado. Acabó con ayudados, lo mató trasero, escuchó un aviso y se dio una vuelta al ruedo.

La oreja se la cortó al extraordinario quinto, al que recibió con una larga casi en el centro de la plaza. Salió suelto del caballo y se dio una costalada. Bastos comenzó con tres cambiados por la espalda y le bajó la mano en dos tandas ligadas con la diestra. El llamado Rescoldillo era una máquina de embestir bien. El natural surgió con calidad en la primera tanda, pero la faena perdió intensidad a continuación. Bastos exprimió al de Talavante con unos circulares y unas bernadinas. Todo muy accesorio. Ahora paseó la oreja después de una estocada trasera.

Julio Norte cayó de pie a la plaza. Es cierto que tiene ese punto de conexión con el tendido que facilita su labor. El salmantino tampoco se escondió en los quites y estuvo dispuesto en todo momento. Entre tanto toreo de capote sin verónicas, una media fue enorme. Como buen torero moderno, abrió la faena al tercero de rodillas con cambiados por la espalda. Fue mejor el toreo al natural por largura y temple. Con la derecha se alivió más y desplazó afuera a un novillo excelente. Me gustó mucho la manera de pulsear la embestida ya al final de la faena. Lo mató a la primera y paseó la oreja.

El sexto fue una estampa de capa melocotón, manso en los primeros tercios, pero que rompió a embestir en la muleta. Lo había cambiado el palco con un puyazo leve. El de Salamanca estuvo decidido en una faena que tuvo un poco de todo. De nuevo transmitió mucho. Mandó con la derecha, se aceleró después en tandas muy rápidas, en las que la virtud fue la forma de engarzar los pases dejando la muleta en la cara. No faltaron los circulares ni las manoletinas, antes de un pinchazo y una estocada. La oreja fue un exceso del palco, otro más, que no fue capaz de aguatar una petición insuficiente.

El toreo de más clase lo hizo el mexicano, que, con el lote menos propicio, y un alto grado de frialdad, se fue de vacío. Sus compañeros, se supone son que el futuro de la fiesta, son solventes, capaces, reiterativos y adocenados. Si algún día se ponen delante de un toro encastado, entonces se podrá valorar hasta dónde puede llegar su trayectoria, ¿Un toro encastado? ¿Dónde están hoy los toros encastados?

Plaza de toros de Sevilla, cuarta de abono. Más de media plaza. Seis novillos de Talavante, justos de presentación, cómodos de cabeza, nobles, justos de raza y con mucha clase, sobre todo tercero, quinto y sexto.

Emiliano Osornio (corinto y azabache). Dos pinchazos y estocada caída (silencio). En el cuarto, pinchazo (palmas).

Tomás Bastos (blanco y plata). Estocada trasera y descabellos (vuelta al ruedo tras aviso). En el quinto, estocada trasera (una oreja tras aviso).

Julio Norte (rosa y oro). Estocada (una oreja). En el sexto, pinchazo y estocada desprendida (una oreja).

Saludaron en banderillas del quinto Joaquín Oliveira y Fernando Sánchez. Julio Norte salió a hombros por la Puerta Principal.

sevillatoro.es
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