Manuel  Grosso.- Este año puede ser el año del torero madrileño. Lejos quedan los tiempos en los que su juventud y su variedad en quites y banderillas eran sus bazas fundamentales. Aquel vino joven ha terminado en convertirse en un brandy añejo con sabor indiscutible. Desde hace ya varias temporadas venia apuntando ese difícil proceso de maduración que conlleva convertirse en una autentica figura del toreo, si me apuran mucho, desde que tuvo la inteligencia de recabar a su lado a Roberto Domínguez. Hoy este habrá disfrutado viéndolo cruzar la Puerta del Príncipe, algo que él estuvo a punto de lograr pero que desgraciadamente no consiguió. El torero vallisoletano le ha aportado clase, torería, profundidad en definitiva y en paralelo le quitado de la cabeza los recursos fáciles de cara a la galería de poner banderillas o comportarse con el fácil gracejo de los mas jóvenes.

Dicho esto hay que rendirse a la evidencia de que Julián López “El Juli” se ha convertido en un torero poderoso como pocos, y que cada vez más, su cabeza prodigiosa, es un dechado de torería y de lidia casi perfecta. Ayer conquisto Sevilla de nuevo y de alguna manera se quito el mar sabor de boca que tenia de su tarde anterior en la Maestranza donde perdió la Puerta del Príncipe por el estoque. Ayer no le podía pasar lo mismo. Pero curiosamente otras circunstancias, al punto estuvieron de malograr el sueño de todo torero que se precie.

Ciertamente le toco el mejor lote, sobre todo su primero, de nombre “Ilusión”, que supo cuajar de principio a fin. Desde que se abrió de capa hasta que rodó de una magnifica estocada a su oponente, “El Juli” fue un compendio de perfección taurina y lidiadora. Tandas largas, series mandonas, como esculpidas a fuego en el albero maestrante, que nos hizo olvidar que no paraba de llover. Que grande tiene que ser torear así en Sevilla y ver como el público se le entrega sin limitaciones. Después vino el numerito innecesario de negarle el segundo trofeo, pues al final se les otorgaron las dos orejas de su segundo por una faena más complicada pero menos lucida. Es cierto que la segunda oreja es potestad del presidente, pero si se la negó en su primero debería haber sido consecuente y negársela en su segundo, pero al final la presión pudo con la coherencia. No obstante que quede claro que “El Juli” cruzó las puertas del paraíso taurino con todas las de la ley. Ayer “El Juli” estuvo intratable por su poderío y por su torería, ayer “El Juli” entró para siempre en la afición sevillana.
 

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