El mal estado del piso, debido a las fuertes lluvias caídas sobre Sevilla, obligó a suspender el segundo festejo de la Feria de San Miguel. La decisión fue comunicada a los espectadores poco después de las seis de la tarde, hora fijada para el comienzo del espectáculo.

Durante todo el día llovió en Sevilla. A las doce de la mañana se procedió al sorteo de los toros de Daniel Ruiz en presencia del presidente del festejo, Gabriel Fernández Rey.
Cuando se abrieron las puertas del coso, a las cinco de la tarde, ya había cesado la llovizna. El ruedo tenía grandes charcos y una cuadrilla de operarios se afanaba para mejorar su estado volcando carretillas de albero. La plaza no se había llenado. El cambio de uno de los integrantes del cartel, Morante por el enfermo Manzanares, posibilitaba la devolución del importe de las entradas adquiridas, bien sueltas o por el abono de la temporada.

Cuando faltaba un cuarto de hora para el paseíllo, los tres matadores, sus cuadrillas y el presidente hicieron un reconocimiento del estado del piso plaza. En esos momentos, algunos rayos de sol brillaban sobre el húmedo albero. Según se conoció más tarde, la terna deliberó en la capilla de la plaza. El presidente les había pedido que la decisión que adoptaran fuera por unanimidad. Y la hubo: se marcharon al hotel alegando que el ruedo no estaba en buenas condiciones para la lidia.

Nuevamente salió a la plaza la tablilla de siempre pintada, se supone, con la misma tiza. El público, expectante e ilusionado por el cartel, acogió la noticia con profundo desagrado y sonoras muestras de disconformidad. Algunos arrojaron almohadillas al ruedo.

El piso de la Maestranza tenía charcos en algunas zonas. El sistema de arreglo no podía ser más decimonónico: dos carretillas de albero y seis hombres con rastrillo. Nadie sabía ciertamente el grado de protección empleado para liberar al ruedo del agua. A estas alturas, todo en la Maestranza sigue pareciendo encantadoramente obsoleto.

La terna decidió no torear porque

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