El francés Tomás Joubert, antes Tomasito, ha sido el más destacado de la novillada con picadores de Sevilla, donde la novillada de Camacho estuvo bien presentada pero dio mal juego. Rey y Lechuga, sólo voluntariosos.

Camacho / Juan Carlos Rey, Pablo Lechuga y Tomás Jouber

Seis novillos de Mari Carmen Camacho, el primero lidiado como sobrero por uno devuelto por inválido, bien presentados, flojos, descastados y de poca clase. Se dejó más el tercero.

Juan Carlos Rey: pinchazo y estocada baja (silencio) y estocada baja (silencio).
Pablo Lechuga: estocada atravesada y dos descabellos (silencio) y dos pinchazos y estocada baja (silencio).
Tomás Joubert: pinchazo, atravesada y dos descabellos (saludos tras aviso) y estocada tendida y dos descabellos (vuelta al ruedo tras aviso).

Plaza de la Real Maestranza, 20 de septiembre de 2009. Un tercio de plaza. El banderillero Frederick Leal fue atendido de un varetazo corrido en la cara interna del muslo izquierdo, de pronóstico leve.

Carlos Crivell.- Sevilla

La única noticia positiva de la novillada vino por parte del francés Tomás Joubert, antiguo Tomasito en los carteles, que demostró un valor sereno y una personalidad definida. Es cierto que al verlo aparece la imagen de su compatriota Castella, del que parece un calco, pero en estos momentos es normal que los que empiezan su andadura tomen como espejo a los toreros ya consagrados. Las formas de este francés son muy similares a las de Castella, al que le imita hasta en el color lila de su terno torero.

Dejando a un lado ese parecido, Tomás Joubert demostró mucho valor y esos rasgos personales de un toreo muy vertical. No se pudo calibrar cómo utiliza el capote. Se le vio atosigado por el tercero y no jugó los brazos en el sexto. Las chicuelinas no pasaron de vulgares.

Con la muleta se impuso a dos novillos de mínima calidad. Se la puso con decisión al tercero por la izquierda para llevarlo templado con firmeza y un buen toque. Esa disposición no tuvo continuidad y aparecieron desarmes y algunas imprecisiones. El novillo, que había metido bien la cabeza, estaba ya muy rajado y no hubo más.

El sexto no humilló nunca. Tomás comenzó por alto con estatuarios muy en la línea de su paisano. De nuevo hundió las zapatillas en una faena con mejor trazo, cruzándose mucho entre los pases, ya que la ligazón era imposible. La tanda final con la zurda fue meritoria, lo mismo que las manoletinas con la muleta invertida y la ayuda tirada sobre el albero. En definitiva, un chaval con valor, muy en novillero y que necesita pulirse una barbaridad, pero ahí está el invierno por delante.

Del resto del festejo poca cosa queda para el recuerdo. Juan Carlos Rey mató el en primer lugar un sobrero de Camacho que salió por otro inválido. La novillada no tuvo ni fuerzas ni calidad. Eso sí, los pitones eran astifinos, como si le hubieran sacado puntas. Rey dejó claro que tiene buen concepto torero, si bien pecó de torear despegado y por fuera. Con el muy soso cuarto estuvo voluntarioso en una faena sin especial brillo y algún desarme.

Tampoco fue la tarde de Pablo Lechuga, que también utiliza con cierta calidad los trastos pero que busca componer mucho la figura aunque sea a novillo pasado. El segundo fue muy flojo y se derrumbó a mitad de la faena. El quinto fue igual que su anterior hermano. Lechuga le puso ganas sin que pudiera pasar el listón de la brillantez. Como no es un matador consumado, su tarde pasó entre sonoros silencios.

Por tanto, nueva novillada con un montón de turistas en la plaza y pocos aficionados, mal ganado de Camacho, salvado sólo por su presentación, y un niño francés que demostró valor y personalidad, aunque se mira demasiado en el espejo de su paisano Castella.

Foto: Álvaro Pastor

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