La Real Maestranza de Caballería de Sevilla ha encargado al pintor madrileño José María Sicilia el cartel anunciador de la temporada 2011 en la plaza de toros de Sevilla.

Sicilia nació en Madrid en 1954. Pintor y artista gráfico español. Actualmente reside en Paris y Palma de Mallorca.

Inicia estudios en la Facultad de Bellas Artes de Madrid que abandona para irse a Paris en 1980. Allí empieza su carrera artística con cuadros de raiz expresionista. Se convierte en uno de los jóvenes artistas españoles mas prestigiosos de los ochenta. Siempre con una especial atención a las posibilidades de la materia, su pintura parte de un expresionismo radical.

En 1985 se traslada a Nueva York, donde una nueva ordenación estructural y una gran simplicidad en las formas le permiten profundizar en valores cromáticos y de texturas y le llevan finalmente a la monocromía, el blanco.

En 1989 recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura de España.

Su obra se puede visitar en los siguientes MUSEOS Y COLECCIONES: – CAAM, Centro Atlántico de Arte Moderno, Las Palmas de Gran Canaria – CAPC Musee d’Art Contemporain, Burdeos – Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla – Cincinnati Art Museum, Cincinnati, Ohio – Colección Banco de España, Madrid – Colección Arte Contemporáneo Fundación La Caixa, Barcelona – Colección Comunidad de Madrid, Madrid – Colección Fundesco, Madrid – Col*leccio Testimoni de La Caixa, Barcelona – FRAC (Fonds Regionaux d’Art Contemporani), Midi Pyrenees – Fundacio Museu d’Art Contemporani, Barcelona – IVAM, Centre Julio Gonzalez, Valencia – Musee d’Art Contemporain, Toulouse – Musee d’Art Moderne et la Creation – Museo Extremeño Iberoamericano de Arte Español Contemporáneo, Badajoz – Museo Marugame Hirai de Arte Español Contemporáneo, Marugame – Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia, Madrid – Museo de Santa Cruz, Toledo – Museum of Modern Art, Nueva York – Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York

José María Sicilia tiene como materia esencial de su reflexión la cera virgen, elemento que se convierte en componente imprescindible en el diálogo pictórico con la luz, a través del grado de intensidad que esa materia luminosa reserva, no sólo en la memoria de su vertido líquido sobre la superficie del cuadro, sino en el modo en el que recibe la pintura y refleja la luz para crear un espacio vacío en su interior.

La voluntad de hacer convivir en un mismo cuadro el orden y el azar, lo transparente y lo opaco, otorga una tensión dramática, una pasión paradójicamente impasible, una premeditada inestabilidad que nos acercan al universo místico de la luz en la historia de la pintura.