La corrida que cerraba la feria era especial, porque se celebraban los 150 años de la plaza. De aquel 11 de junio de 1876 a este 22 de agosto, de Lagartijo, Gordito y Desperdicios, hemos pasado a un Morante, Roca Rey y David de Miranda. Entre las dos fechas, muchos acontecimientos señeros de una plaza con solera e historia. Una plaza que ha perdido el rigor que tuvo hace algunos años, sobre todo gracias a algunos presidentes que colocaron los cimientos para que ahora sea de primera, pero que el paso del tiempo no ha consolidado en esa categoría, ya que los presidentes de estos tiempos no tienen las exigencias necesarias para darle prestigio a la plaza. En esta corrida conmemorativa se han cortado seis orejas y no es fácil explicar los motivos.

La tarde tuvo un momento cenital en la lidia del cuarto, toro de Garcigrande, al que Morante de la Puebla lanceó a la verónica de forma sensacional. Y siguió con un galleo por chicuelinas excelso. El toro parecía tener movilidad y alguna clase por el lado derecho. Por ahí comenzó el de La Puebla, muy ceñido y cruzado en dos tandas de buena traza. Trataba de llevarlo por la izquierda, cuando el toro hizo hilo, lo prendió, derribó y corneó con saña sobre el albero. Momentos angustiosos. Fueron unos segundos interminables, porque el de Garcigrande no quería abandonar su presa. Magullado y aturdido, ya en pie, Morante levantó un monumento al toreo con varios derechazos inmensos, desde el embroque al remate, alados, templados, larguísimos por tanta expresión. Esos derechazos y algunos naturales, porque también volvió a ponerse por ese pitón, marcaron la faena y la tarde. Lo mató de una estocada, le dieron solo una oreja,  la enseñó y se metió dolorido en el callejón. Antes, con el insípido primero de Torrealta, un manso reservón, Morante intentó el toreo bueno con un material inservible.

El triunfo de la tarde, en cuanto a orejas, fue para Roca Rey y David de Miranda, toreros expertos en el arrimón, una palabra que no me gusta, aunque define bien lo que se quiere expresar. El segundo, de Torrealta, ya se sabe que la corrida fue casi una limpieza de corrales, fue manso y de duración limitada. El peruano realizó un buen quite por saltilleras, respondido por otro por tafalleras por David de Miranda. Roca Rey comenzó de rodillas, continuó con la derecha por abajo con mucho dominio, no pudo estar a gusto con la izquierda y se arrimó entre los pitones con circulares. La faena clásica de este torero. A pesar de un pinchazo antes de una estocada paseó una oreja.

Las dos le cortó al quinto, toro de Garcigrande absolutamente impresentable en una plaza de primera. Fue noble en los primeros compases y acabó afligido ante el empuje de Roca. De nuevo hubo toreo por abajo con la derecha, luego lo sometió más por la izquierda y de nuevo se arrimó como un poseso con el toro ya moribundo. Estocada, aviso y dos orejas.

David de Miranda se sumó a la fiesta, sobre todo con el jabonero de Cuvillo lidiado como tercero. Se fue suelto en dos varas, aunque acabó noble en la muleta antes de rajarse. El de Trigueros comenzó con el litrazo y dos tandas de derechazos lineales pero muy templados. Con la izquierda se rajó el de Cuvillo. En vista de lo cual, el arrimón y las bernadinas. Y como mata casi siempre con acierto, una estocada y dos orejas.

La del sexto de Torrealta fue una labor casi similar, solo que el toro, con poca raza y poca clase, solo le permitió un trasteo algo funcionarial sobre la derecha, siempre buscando acortar las distancias. Es obsesivo esta forma de planificar las faenas buscando los terrenos de cercanías. No podían faltar las manoletinas, en las que sufrió una voletereta. Un pinchazo le quitó premio, aunque de forma increíble sus seguidores pidieron algún despojo.

Con seis orejas, la corrida del 150 aniversario será recordada por el toreo sublime de Morante y su gallardía en la adversidad de la cogida. En tarde de arrimones, el que se arrimó de verdad fue el de La Puebla.

Plaza de toros de La Malagueta, 22 de agosto de 2026. Novena de Feria. Corrida conmemorativa del 150 aniversario de la plaza. No hay billetes. Tres toros de Torrealta, 1º, 2º y 6º; dos de Garcigrande, 4º y 5º, y uno de Núñez del Cuvillo, 3º. Desiguales de presencia con un quinto de mínimo trapío. De pobre juego por falta de bravura y casta y la única virtud de la nobleza.

Morante de la Puebla (tabaco y oro), silencio y una oreja tras aviso.

Roca Rey (turquesa y oro), una oreja y dos orejas tras aviso.

David de Miranda (rioja y oro): dos orejas y saludos tras aviso.

Roca Rey y David de Miranda salieron a hombros por la Puerta Grande.

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