¡Cuántas emociones en una tarde! Un torero inmenso en plenitud, que resultó cogido. No era un torero cualquiera; era Morante. El cuarto lo alcanzó en el glúteo en un derrote seco. Quedó inmóvil sobre el albero. Lo recogieron las asistencias y se lo llevaron a la enfermería. Conmoción, estupor, pero ¿cómo es posible que al genio más grande del toreo lo hubiera alcanzado un toro?
Era el cuarto de la tarde, de nombre Clandestino. Al primero lo había cuajado, pero era el primero y la gente no ha entrado aún en la corrida. Morante tenía que superar lo del jueves, tenía que hacer algo diferente. Optó por la ortodoxia con ese primer toro nobilísimo, al que le hizo un quite por gaoneras, tan lento, tan sentido, que el lance de Gaona pareció diferente. El toro fue un bendito. Morante se explayó en una faena de seda, sin ninguna concesión a la galería, con derechazos mecidos al aire, naturales inmaculados, adornos preciosos. Una faena que tuvo en contra la facilidad del toro, que era de una bondad excesiva. Tanta nobleza le quitó fuerza a un trasteo incólume, sin que nada le sobrara ni le faltara. Y como remate, una estocada. Lástima, porque esa estocada fue la hizo falta el pasado jueves. ¿Qué es una oreja para una faena tan limpia, tan suave, tan perfecta? Pues una oreja le dieron. Era el primero y eso también pudo jugar en su contra.
La tarde iba embalada. Borja se recreó en las chicuelinas del saludo al segundo. Rufo quitó por gaoneras. Borja se lo brindó a Morante. Otro toro con mucha nobleza como signo de su casta. Borja lo paseó por bajo con trincherillas y de la firma. La tanda por la diestra, muy hundido el trapo, fue enorme, pero el de pecho superó todo lo previsto. En la tanda siguiente, de nuevo domino total y otro de pecho templadísimo. También toreó al natural, cómo crujió a la plaza en una tanda citando de frente. No faltaron los cambios de mano y los de la firma. A pesar de matar trasero y tendido, marca de la casa, cayó la oreja.
Pasó el tercero, toro en el que Tomás Rufo no anduvo muy fino. El toro se vencía por el izquierdo, pitón por el que se empeñó en torear el toledano de Pepino. El buen son de sus muletazos por la diestra no tuvo eco.
Y así salió el cuarto, toro en el que la plaza tenía puestas sus esperanzas. Cuando le daba capa Morante a la salida lo atropelló y el aire le dio una cornada. Se quedó inmóvil sobre el albero, la mano sobre el glúteo, el pueblo conmocionado. Se lo llevaron a la enfermería y Borja se hizo cargo del toro. Algún ignorante pedía que lo matara. Borja le brindó el toro al maestro en la puerta de la enfermería, para citar de rodillas en una tanda de valor y dominio inmensos. Qué gallardía de torero. Dos tandas sobre la derecha por abajo con pases de pecho enormes por su lentitud y su dibujo. No fue igual el toro por la izquierda, le venía andando, pero Borja, muy firme, le aguantó sin mover un músculo. De nuevo a la derecha barriendo el albero con la muleta para rematar con otro pase de pecho cumbre. Faena de dos orejas sobradas. Faena de pasaporta para la eternidad, que el de Espartinas echó a perder con pinchazos diversos. La vuelta no era el premio a una labor tan redonda.
Se corrió el turno y Tomás Rufo mató el quinto. Salió el que estaba reseñado como sexto, pero tenía un pitón roto. Salió un sobrero del hierro de los Hermanos García Jiménez, más voluminoso, más basto, al que Rufo no entendió. Se empeñó en torear por el lado izquierdo, el lado malo del toro, pero no se acopló, por el pitón derecho, que era el bueno. Tarde insípida del torero toledano de Pepino.
El sexto fue un toro con mucha plaza, bien presentado, con mucha viveza en todos los tercios. Borja se fue a portagayola para seguir con lances de rodillas que levantaron clamores en la plaza y la música acompañó un momento de emoción excepcional. Comenzó con cuatro cambiados por la espalda, una concesión discutible al conjunto de su faena, para seguir dominando una encastada embestida del toro con derechazos cumbres en dos tandas. El toro se rebrincó algo por la izquierda, pero el clamor no paró, como ocurrió en otra por la derecha y de nuevo con naturales, que, ahora sí, resultaron limpios. La espada cayó trasera, la plaza quería las dos orejas, pero tardó en echarse y todo quedó en un solitario trofeo. Una salida a hombros por la Puerta de Cuadrillas no era el premio a una tarde para haberse consagrado definitivamente como gran figura del toreo.
No caben en estas líneas tantas emociones. Buena la corrida de Matilla, mucha nobleza y un punto de casta en algunos de los toros, como el sexto. Morante, punto y aparte y sangre en ruedo. Borja, en figura sin espada y un discreto Rufo. Pero qué tarde de toros.
Plaza de toros de Sevilla, 20 de abril de 2026. Décima de abono. No hay billetes. Cinco toros de Hermanos García Jiménez, el quinto como sobrero por uno devuelto, y uno de Olga Jiménez, desiguales de presencia, nobles y de buen juego en general. Sobresalieron primero, segundo y sexto.
Morante de la Puebla, de azul rey y oro. Estocada (una oreja). Herido en el cuarto.
Borja Jiménez, de nazareno y oro. Estocada trasera y tendida (una oreja). En el cuarto, dos pinchazos y estocada tendida (vuelta al ruedo). En el sexto, estocada tendida y atravesada (una oreja).
Tomás Rufo, de azul marino y oro. Estocada trasera (palmas). En el quinto, estocada (silencio)
Morante de la Puebla fue asistido en la enfermería de una ‘herida por asta de toro en margen anal posterior con trayectoria de unos 10 cm, lesionando parcialmente musculatura esfinteriana anal y con perforación en cara posterior de recto de 1,5 cm. Lavado de herida, y reparación de pared rectal y aparato esfinteriano. Drenaje aspirativo en espacio postanal y retro rectal. Pronóstico: Muy Grave. Buenos pares de Fernando Sánchez. Borja Jiménez y Tomás Rufo dejaron la motera en la puerta de la enfermería en señal de brindis a Morante. Borja Jiménez salió a hombros por la puerta de cuadrillas.
Nacido en Sevilla en el barrio del Arenal, en la calle Pastor y Landero, frente a la Maestranza. Aficionado a los toros desde su infancia gracias al ejemplo paterno, un viejo amante de la fiesta que vio torear a Guerrita. Abonado de la Real Maestranza desde pequeño.